Codina, Mónica, Donde vive la libertad. Una lectura de Romano Guardini, Biblioteca Nueva, colección Ensayo, Madrid, 2011. 242 pp. ISBN: 978-84-9940-165-2

por Juan José Padial

Mónica Codina, profesora de comunicación, doctora en filosofía y autora de una magnífica monografía sobre Dostoievski, ha escrito recientemente un libro sobre Romano Guardini. Ya Dostoievski ya Guardini son autores de un pensar marcadamente existencial, es decir, en modo alguno divorciado de la propia vida y existencia. Esta elección de sus autores y temas de investigación empapa el quehacer de la profesora Codina, y su peculiar estilo y actitud filosófica. Y es que uno de los temas recurrentes del libro es la problemática del sentido, y la subsiguiente búsqueda de las fuentes por las que aflora en la vida de cada quien.

No es casual el itinerario intelectual de Mónica Codina. Un viaje que se inicia con Dostoievski y que acaba de pasar por la estación de Guardini. Cuál sea la estación de llegada, no lo se, pero ya se puede afirmar que el viaje es prometedor, y la crónica de los lugares de tránsito bien merecen la pena una lectura atenta.

De Dostoievski a Guardini. ¿Por qué? Lo más característico de la genialidad de Dostoievski es su inigualable perspicacia psicológica, el modo en que nos conduce a lo más íntimo y oculto de sus personajes; y la lógica con que se siguen las acciones de estos desde su inicial postura espiritual. Por eso, la cuestión de la comprensión de sí y la del sentido de la propia relación con el mundo y con las otras personas viene a ser capital, decisiva. Pues orienta la deriva y rumbo del existir. Existencial no es cualquier tipo de ejercicio teórico, sino que según Guardini, “existencial es el pensamiento, la toma de hechos y la intuición de relaciones de sentido que permiten al hombre llegar a comprenderse a sí mismo, y la relación del mundo con él y la suya con el mundo” (p. 157).

No es casual pues, que Guardini dedicase un penetrante libro al pensamiento de Dostoievski, y que Codina encuentre puntos de sintonía y de inspiración en la obra de estos dos pensadores. Porque la cuestión que ponen sobre la mesa filosófica es si la verdad es una mera propiedad de nuestros juicios teóricos, o si ella despierta energías dormidas en el ser humano, como las que puede suscitar la inspiración en el artista. Si la verdad anima, sacude y encauza la vida. Si hay un encuentro vital con la verdad, no meramente teórico o exterior a la misma, como la del espectador pitagórico o positivista. Además, el libro de Codina, al insistir en la primacía vital del logos sobre el ethos, es decir en la conexión interna del sujeto cognoscente con lo existencialmente comprendido, inquiere qué relación pueden tener los actos humanos con la verdad comprendida, las relaciones de sentido intuidas y la comprensión de sí mismo.

Esta conexión de vida, impulso a vivir y conocimiento es algo que Dostoievski sintió muy vivamente, y que nos dejó escrito en aquel súbito e inesperado —incluso para él mismo— grito: “He visto la verdad; no es que la haya ideado con mi entendimiento, no, sino que la he visto, la he visto, y su rostro viviente ha colmado mi alma para toda la eternidad.” (El sueño de un hombre ridículo). Ver el rostro viviente de la verdad. No meramente teorizar sobre ella o contemplarla, sino ser invocados por la verdad descubierta. Este es el juicio que aquel hombre nihilista y ridículo hace de su sueño.

Y éste es también el punto en el que Mónica Codina aborda el pensamiento de Romano Guardini. Y lo hace desde el comienzo de su actividad intelectual. En efecto, no pocos fueron los aprietos intelectuales en los que se vio Guardini al aceptar la cátedra de cosmovisión católica del mundo en el Berlín del año 1923. Codina no disimula la pugna intelectual de Guardini sobre este tema. Se trata de una pugna metodológica, pues ¿cuál podría ser el método con el que se corresponde el tema de la cosmovisión o de la World view? Dilthey había fracasado en su intento, netamente psicologista en su primera etapa y orientado hacia la hermenéutica en la segunda. Las pretensiones de totalidad y de organicidad de la cosmovisión, exigían un método más congruente.

Al método, los actos y la actitud intelectuales que se conmensuran con la cosmovisión, Guardini los denomina “encuentro”. En el encuentro, el hombre, y no sólo el pensador, reconoce, valora, jerarquiza, trata con las cosas y ante todo, configura espiritualmente su existencia, y conforma su propia vida (cfr.: pp. 26ss, 153, 213). Y digo que esto es un acto del hombre entero, porque depende para Guardini, al igual que para Dostoievski, de una verdad que se ha visto, de una verdad que puede alcanzar en tanto que invocado por ella misma.

La cosmovisión que Guardini debía enseñar e investigar es posible desde la Revelación de Aquel que siendo externo, heterogéneo e independiente para con el mundo, no obstante le es cercano, lo ama, y lo creó pleno de sentido. Para Guardini esto es lo diferencial del Dios cristiano, que se manifiesta en la figura de Cristo. Dios no es una realidad cósmica, como pensaban los antiguos, ni la naturaleza o la personalidad son comienzo absoluto y fuente última de sentido, como han subrayado los modernos.

Dilucidar qué significa creación como acto de sentido y no de poder, como acto libre fue una de las tareas a las que se enfrentó Guardini, y que tiene sumo interés no sólo para la teología, sino para la filosofía de la religión, la metafísica y la antropología filosófica. Y de esta tarea arrancan también sus reflexiones sobre el poder, la técnica, las masas, la individualidad, la historicidad, la libertad, la interioridad y la comunicación, que constituyen los temas filosóficos transversales que jalonan el libro de Mónica Codina.

La hechura, orden y disposición de la investigación de Codina es más teológica que filosófica. Divide el libro en dos partes. La primera recibe como título “Una cátedra en la universidad de Berlín”. En sus dos capítulos plantea el problema de la gnoseología guardiniana. No se trata de un problema de teoría del conocimiento ni de epistemología, sino de teoría de la verdad, y por lo tanto le corresponde propiamente el ahora ya viejo y desusado término de “gnoseología”. La segunda parte, que se extiende desde el capítulo tercero al undécimo, ha sido intitulada “La afirmación de la libertad”. En este recorrido por la obra de Guardini, la autora trata de mostrar la congruencia y alcance de la cosmovisión católica del mundo que ofrece Guardini. El libro termina con una muy útil bibliografía de y sobre Romano Guardini.

“Donde vive la libertad” ese es el título que ha querido dar a esta obra Mónica Codina. La libertad vive, es una realidad viva. Y hay un impulso de vida que es impulso de y a la libertad. Y también hay un conocimiento vital, no meramente teórico, que nutre esta vida libre. Hay un biós theoretikós, una forma vital de conocer y de existir, como advirtieron algunos griegos. Esto es algo que desde el predominio de la mera episteme y del así llamado conocimiento riguroso se ha olvidado.

En los Apuntes del subsuelo, Dostoievski nos dejó escrito: “En definitiva, ni siquiera sabemos dónde habita la ‘vida real’, ni qué es, ni por qué nombre se la conoce. Déjennos ustedes solos y sin libros y en seguida nos haremos un lío, nos extraviaremos. No sabremos qué partido tomar, a qué agarrarnos, qué amar y qué odiar, qué respetar y qué despreciar. Hasta encontramos difícil ser seres humanos, hombres auténticos, de nuestra propia carne y hueso; nos avergonzamos de ello, creemos que es ignominioso, e intentamos convertirnos en una especie nunca vista de hombres generalizados. Hemos nacido muertos y, durante largo tiempo, no hemos sido engendrados por padres vivos, cosa que nos agrada cada vez más. Le estamos tomando gusto. Pronto inventaremos la manera de nacer de una idea” (Dostoievski, Apuntes del subsuelo, Alianza Editorial, Madrid, 1991, p. 156). Creo que el mayor valor del libro de Mónica Codina sobre Guardini no consiste en la exposición del pensamiento del genial pensador italo-alemán, sino en la denuncia del olvido de la conexión entre vida libre y conocimiento, en el diagnóstico de su divorcio, y en el hallazgo de algunas claves que pueden contribuir a vitalizar la libertad y el conocimiento.

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Archivado bajo Antropología filosófica, Filosofía de la religión, Metafísica

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