La autoconciencia sentimental de la existencia. Sobre la “Historia de los sentimientos” de Jacinto Choza

Por Juan J. Padial

Ficha técnica. Titulo: Historia de los sentimientos, Thémata, Sevilla, 2011. ISBN: 978-84-936406-3-7, 283 páginas.

La afectividad ha sido y sigue siéndolo, profusamente estudiada. Quizá hoy más que nunca sufrimos los efectos desorientadores de un número excesivo de tratados sistemáticos sobre pasiones, emociones y sentimientos. Desde las perspectivas ya clásicas de la filosofía o la psicología a las inauguradas por las ciencias cognitivas, la neurología o la antropología cultural, cada cuanto aparece un nuevo título desde el que se pretende sistematizar el rico y variopinto panorama de la vida sentimental. Pero las diversas perspectivas que en el estudio de la afectividad confluyen indica ya, no sólo la dificultad e interés del tema, sino también el entrecruzamiento de disciplinas y metodologías implicadas en este tema. Ya José Antonio Marina habló del Laberinto sentimental y se propuso poner cierto orden en la maraña sentimental cuando escribió su muy bien vendido Diccionario de los sentimientos.

Esta dificultad proviene por una parte del objeto de estudio. No en vano, filósofos como Max Scheler o Martin Heidegger situaron las noticias y valoraciones afectivas en el centro de la existencia humana, haciendo de los sentimientos la raíz del conocimiento (Scheler), o el origen fáctico de la autoconciencia humana (Heidegger). Pero por otra parte, y como muestra Jacinto Choza en este libro, que el estudio de la afectividad sea laberíntico responde también a que la multiplicidad de sentimientos que los seres humanos registran en estos comienzos del siglo XXI tienen una historia detrás, que es preciso conocer y que los ha configurado. Es decir el enfoque onto-sociológico tiene prioridad sobre el sistemático. Esta preeminencia deriva de la configuración socio-histórica de la afectividad humana. En tanto que la emoción implica una valoración inmediata y prereflexiva de la realidad externa, los sentimientos son variables en función de esta realidad, y no únicamente dependen de la estructura tendencial humana.

Así pues, la descripción ontológica y fenomenológica son derivadas, y lo son porque la naturaleza de los sentimientos y su vivencia son examinadas una vez que la afectividad ha quedado troquelada de un modo u otro. Además la hondura y amplitud de la intimidad humana ha variado históricamente desde el paleolítico hasta nuestros días, así como difiere enormemente entre culturas la expresión de las emociones. Esto implica que los sentimientos han estado sujetos a profundas transformaciones dependientes de las transformaciones socioculturales. Alteraciones que han hecho mutar tanto a los sentimientos como a la expresión de tales emociones. Esta primacía del enfoque histórico deriva de la finitud, historicidad y particularidad propia de las valoraciones afectivas y de la misma existencia humana e implica la prelación del punto de vista hermenéutico sobre el ontológico y el fenomenológico.

De aquí que el libro de Jacinto Choza que aquí se reseña se inscriba en el conjunto de investigaciones que “en los siglos XX y XXI se despliega [en torno] al estudio de la poíesis de la sentimentalidad, de la historicidad de los sentimientos y de la centralidad de unos sentimientos u otros en la existencia humana” (p. 26). Y como este enfoque es particular, centra sus investigaciones en sentimientos relacionados con el amor, la sexualidad, las relaciones paterno-filiales, la risa, el dolor, el sufrimiento y la muerte con sus valoraciones del más allá en función de los deseos e impulsos humanos. Se trata de ocho investigaciones onto-sociológicas particulares y que se extienden en el arco temporal de la historia y la prehistoria humanas, es decir unos 150.000 años, desde el paleolítico hasta nuestros días. Entre los méritos de esta investigación está la ordenación y sistematización filosófica de los hallazgos históricos sobre la prehistoria, culturas y demografías humanas. Este es el quehacer de la antropología filosófica desde su origen en la obra de Scheler y Cassirer, una reflexión filosófica sobre datos suministrados por las ciencias empíricas que tratan del ser humano. Sin duda se trata de una aportación muy importante a la antropología filosófica dada la magnitud de la escala en la que se desarrollan estas ocho investigaciones reunidas aquí.

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Archivado bajo Antropología filosófica, Filosofía de la cultura

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