MELENDO, T. y otros: La pasión por lo real, clave del crecimiento humano, Eiunsa, Pamplona 2008; 135 pp.

por Juan A. García

Estamos ante un pequeño libro que conjuga un contenido denso y profundo con un estilo literario claro y divulgativo. No es poco mérito; que quizá se apoye también en lo prolífico que es Tomás Melendo en el arte de la escritura, y en su misma postura de vincular el saber más teórico y elevado con la vida vivida del modo más concreto y con la experiencia más inmediata.

El libro tiene un enfoque terapéutico: como que en la situación actual reina cierta dispersión de la vida humana, a la que hay que poner remedio. Por tanto síntomas, diagnóstico y terapia; el libro se estructura en torno a estos tres capítulos.

Y el planteamiento de fondo es claro, y se apoya en la metafísica clásica: el ser y sus propiedades trascendentales. Hay que redescubrir la realidad, y con ella la verdad, la bondad, la belleza. En la recuperación de esos valores ontológicos se cifra el crecimiento del hombre, que despliega su propia constitución sobre terreno seguro, y así garantiza la unidad de su ser frente a las contingencias y avatares de una vida revuelta.

Destaca, entonces, el optimismo de los autores; porque ciertamente el planteamiento que nos exponen es atractivo. Frente a tanta confusión, frente a tanto pesimismo que subraya la problematicidad de la vida humana, frente a cierto antihumanismo que se expande a veces incluso inconscientemente, esta antropología sustentada en la metafísica es muy de agradecer y hasta puede ilusionar.

Con intención de continuarla, sugiero puntualizar dos extremos. El hombre no se limita a aceptar lo real, comprender su verdad, admirar su belleza y querer lo que es bueno; sino que es un ser aportante: innova realidades y hace que sean cosas nuevas; interpreta lo que ve de un modo personal y suscita nuevos puntos de vista; o es capaz de originales creaciones artísticas. Y, sobre todo, añade el bien moral, el bien de su conducta, al bien ontológico con que se encuentra antes de actuar.

Por otro lado, las relaciones interpersonales son superiores a las relaciones del hombre con las cosas. Y en las relaciones interpersonales prima la alteridad del otro, el destinatario de nuestra acción o el receptor de la misma. Las obras humanas pueden ser aceptadas o rechazadas. El disfrute del universo y sus valores supone implícita la aceptación del Creador; en otro caso, sería despreciable. Mucho más aún el bien moral que seamos capaces de constituir y dar.

Creo que la filosofía de los autores da de sí, y se puede desplegar en la línea de estas dos observaciones para desarrollar aún más la antropología que en este libro nos proponen. En todo caso, una antropología optimista y muy oportuna para nuestro tiempo.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Antropología filosófica, Metafísica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s