Vigo, Alejandro G.; Juicio, experiencia, verdad. De la lógica de la validez a la fenomenología, Eunsa, Pamplona, 2013, 317 pp

por Carlos Ortiz de Landázuri

Alejandro Vigo reconstruye en Juicio, experiencia y verdad, la génesis de la filosofía alemana de la lógica, desde los neokantianos y  Scheler hasta Husserl y Heidegger. En su opinión,  el neokantismo alemán de finales del siglo XIX y comienzos del XX, recuperó de un modo muy singular el valor heurístico incuestionable de una forma analítica del pensamiento lógico, que el propio Kant había totalmente postergado. En efecto, Kant asignó a la lógica un modo de razonamiento tautológico, basado en círculos viciosos dogmáticos e incapaz de lograr un efectivo progreso en el conocimiento científico, ni de desarrollar una filosofía crítico-transcendental propiamente tal, al modo como también sucedía con los juicios analíticos “a priori” carentes de sentido del saber metafísico. De todos modos el pensamiento neokantiano posterior revisó muchas de estas tesis un tanto precipitadas de Kant, haciendo depender el proceso de fundamentación de las ciencias en general y de la filosofía crítico-transcendental en especial, precisamente de estas formas de razonamiento lógico o analítico “a priori”, que anteriormente habían quedado injustamente postergadas. Según Vigo, la lógica de los neokantianos habría dejado de poner en un mundo aparte este análisis lógico de los actos del pensar, ni habrían prejuzgado el posible carácter regresivo de su propio método, como de hecho habría ocurrido en Kant. Además, lo habrían hecho sin introducir una escisión cada vez más radical entre el análisis lógico del pensamiento y su ulterior aplicación al ámbito de la experiencia empírica, como habría ocurrido en las posteriores propuestas del análisis lógico de Russell y Wittgenstein, cuando se elaboró una axiomática formal que daba totalmente de espaldas al propio proceso de justificación de la validez del propio pensamiento.

Según Alejandro Vigo, los neokantianos dieron un vuelco a los planteamientos crítico-transcendentales kantianos, sin establecer una incompatibilidad entre la filosofía transcendental y la lógica. En su lugar habrían concebido más bien al análisis lógico como una herramienta idónea para llevar a cabo una crítica aún más estricta de aquellos presupuestos lógicos o transcendentales que la kantiana, con tal de introducir un doble paso más, a saber: por un lado, seguir concibiendo tales presupuestos analíticos como aquellas estructuras transcendentales que a su vez hacen posible el propio conocimiento científico, como anteriormente también sucedió con la noción kantiana de “a priori”, aunque sin compartir el sentido claramente psicologista que Kant quiso dar a su pretendido “giro copernicano”, sino concibiéndolo más bien como un proceso de profundización heurística aún más audaz en la localización de las condiciones de posibilidad y de sentido que deben cumplir este tipo de análisis estrictamente lógicos. Por otro lado, proponer un análisis de las diversas acepciones de la noción de valor, de verdad o sentido, en virtud de la relación autorreferencial que este tipo de presupuestos analíticos siempre hacen a la correspondiente lógica de la validez, de la coherencia o de la finalidad, sin pretender justificarse en virtud de un fundamento “a priori” de carácter psicológico de espaldas totalmente a cualquier posible teoría de la prueba, como ocurrió en Kant. Evidentemente de este modo los neokantianos no llegaron a recuperar el posible papel desempeñado por la metafísica en este tipo de procesos de justificación de la ciencia, como denunciará Heidegger. Sin embargo su filosofía de la lógica acabarían haciendo una aportación importante, a saber: confirmaron el papel insustituible de la lógica de la validez o de la justificación del propio conocimiento científico, mediante un mero análisis interno de este tipo de procesos heurísticos, sin necesidad de esperar de un modo operacionista a sus ulteriores resultados pragmáticos, al modo como también ocurre en Popper y en la mayor parte de las metodologías de la ciencia contemporánea. Por su parte Alejandro Vigo analiza cuatro modos posibles de justificar este tipo de propuestas:

a) el platonismo logicista de los neokantianos Lotze y Lask. Se propusieron  superar el psicologismo naturalista imperante entonces en la fundamentación de la lógica mediante una estrategia platónica de este tipo. De este modo consideraron que el conocimiento científico, así como la propia filosofía crítico-transcendental se legitima en virtud de una lógica de la validez de consistencia permanente por sí misma, en la medida que se afirma como una condición de posibilidad y de sentido del propio análisis de la experiencia empírica, al modo como sucede en el platonismo, sin necesidad de remitirse a apriorismos psicológicos de carácter dogmático.

b) la lógica de la corrección de Scheler. Su propuesta daría un vuelco radical al modo de fundamentar la lógica a comienzos del siglo XX, aunque con una diferencia al menos respecto de la las anteriores propuestas neokantianas y las posteriores husserlianas, a saber: respecto de las primeras, justificó la vigencia de una lógica de la corrección y el posterior alcance universal otorgado a la filosofía crítico-transcendental en virtud del valor por si mismo que tiene el análisis de la corrección del pensamiento, sin necesidad de remitirse a ningún psicologismo, ni tampoco a ningún platonismo de tipo metafísico. Respecto de las segundas consideró que el valor de corrección ahora aducido por el análisis lógico se podría seguir justificando de un modo similar al operacionismo kantiano, en virtud de su ulterior aplicación de este tipo de formalismos lógicos al análisis de la experiencia científica. Sin embargo, según Vigo, Scheler nunca terminó de advertir el alcance y la importancia que acabó teniendo la fenomenología de las “intuiciones categoriales” de Husserl respecto a una posible justificación de la lógica de la validez por sí misma, sin necesidad de recurrir a justificaciones operacionistas y en el fondo psicologistas de Kant.

c) La lógica fenomenológica bidimensional de las “intuiciones categoriales” en Husserl. Permitió superar las unilateralidades de las anteriores propuestas de fundamentación de la lógica, ya sea por fomentar un logicismo que daba una excesiva importancia a la autosuficiencia de las categorías intelectuales analíticas del propio pensar, ya sea por volver a una justificación operacionista de carácter psicologista, al modo de Kant. En su lugar propuso una ampliación de la noción kantiana de intuición sensible de modo que pudiera dar cabida gradualmente a las diversas categorías lógicas del entendimiento, a fin de lograr así una síntesis predicamental o recíproco acoplamiento cada vez más abierto a la doble dimensión fundamentadora y fundada, noética y noemática del propio pensamiento.

d) La lógica metafísica apofántica de la síntesis predicamental del joven Heidegger, antes de la publicación de Ser y tiempo en 1927. Revisó la fundamentación fenomenológica de la lógica de Husserl proponiendo una ampliación y refundamentación de la síntesis predicamental entonces lograda a través de las “intuiciones categoriales” fenomenológicas. De este modo el joven Heidegger criticó este tipo de propuestas desde una fenomenología hermenéutica aún más abierta a la metafísica que acabaría provocando un nuevo “giro copernicano” aún más radical hacia la ontología respecto del anterior modo meramente logicista de fundamentar el propio uso fenomenológico bidimensional del pensamiento. En efecto, para Heidegger la fenomenología no debe fomentar en estos casos una apertura ilimitada a una estructura crítico-transcendental o a una lógica “priori” válida por sí misma, especialmente si a su vez se pretende que ya debería estar elaborada de un modo platónico, operacionista o fenomenológico de una vez por todas. En su lugar más bien la fenomenología debería localizar una sintesis predicativa aún más esencial, a un nivel analítico existencial aún más básico, que permitiera fomentar una apertura hermenéutica de todo juicio lógico a la peculiar verdad ontológica del propio ente, sin justificarla como mera correspondencia o adecuación, sino como “aleceia” o desvelamiento, sin que ya fueran suficientes los criterios de validez, de coherencia y de sentido, mediante los que la lógica pretende regular la ciencia y el propio saber metafísico tradicional a este respecto. Para justificar estas conclusiones se dan seis pasos.

1) La lógica de la validez de Lotze (1817- 1881), reconstruye el giro platonizante que experimentó la teoría intencional del juicio en la filosofía neokantiana de los valores de la Escuela de Baden, cuando se reinterpretó la noción kantiana de validez (Geltung) al modo de un valor consistente por sí mismo. En efecto, en estos casos la noción validez surge cuando en el contexto de la separación tradicional entre el ser y el debe, los hechos y las leyes, dando lugar a tres ámbitos: 1) los hechos psicológicos o anímicos, que se comprueban en la experiencia; 2) los hechos metafísicos o espirituales o culturales, que se justifican mediante la razón y el uso de lenguaje; 3) el ente ideal que configura un ámbito estrictamente lógico o normativo legal, cuyo reconocimiento exige la atribución de un específico valor intuitivo de prueba por sí mismo, sin posibilidad de cambio que siempre estaría sobreentendido tras la justificación de cualquier tipo de conocimiento. De todos modos ya el primer Heidegger todavía en 1927 le acusó a Lotze de reeditar una ontología de la presencia, basada a su vez en la contraposición platónica entre la validez ideal y lo real efectivo, con una consecuencia decisiva, a saber: la exigencia proposicional o judicativa de tener que establecer una relación de conformidad entre ambos, llegando incluso a  postular una hipostación platonizante del primero y de una cosificación innecesaria de este último. Además, el joven Heidegger extrapoló posteriormente esta misma crítica a la noción de la verdad (adecuación o correspondencia) en Windelband, Rickert o incluso el propio Husserl, ya sea directamente o a través de Bolzano.

2) Verdad y validez en Emil Lask (1875-1915), reconstruye las tensiones aparecidas entre cuatro tendencias predominantes en la época respecto de la filosofía de la lógica: los planteamientos transcendentalistas kantianos, los estrictamente lógicos neokantianos, la vuelta fenomenológica a las cosas mismas y la propia noción aristotélica de verdad (adecuación) a la hora de fundamentar el tipo de validez y verdad propia de la lógica. Su originalidad consistiría en haber logrado reorientar las grandes virtualidades del giro copernicano kantiano en la dirección aleteiológica marcada por una crítica de sentido de corte lógico o analítico; es decir, una orientación donde lo prioritario ya no sería la reconstrucción de una subjetividad “a priori” de tipo crítico-transcendental al modo de Kant, sino poner de manifiesto las condiciones de posibilidad, de validez y de sentido de cualquier forma de razonamiento lógico con total independencia del sujeto que lleva a cabo este tipo de reflexiones. En efecto, en la misma medida que la lógica se atribuye la justificación de un tipo de razonamiento válido por sí mismos, simultáneamente se le debe asignar una transcendentalidad absolutamente libre de cualquier dependencia subjetiva de tipo psicologista, a fin de poder extrapolar sus conclusiones para todo sujeto racional que comparta aquel mismo tipo de argumentación. La lógica de la validez de Lask se propuso así como estrategia a seguir a fin de superar el prejuicio clásico de la metalogicidad del objeto, en la medida que dispone de un procedimiento de justificación de este tipo de extrapolaciones, sin necesidad de fomentar cualquier tipo de psicologismo al respecto. Pero igualmente también permitió justificar una teoría por niveles de la constitución antepredicativa del sentido, capaz de dilucidar el tipo de proposiciones que podrían considerarse válidas por sí mismas, como ocurre con numerosas proposiciones analíticas “a priori” de la lógica formal, sin confundirlas con las que sólo alcanzan una justificación fáctica, ya sea a partir de la experiencia o de la razón. Pero de igual modo también desarrolló un análisis estrictamente lógico de la estructura del juicio frente al carácter estrictamente ontológico tradicionalmente otorgado a la teoría de las categorías, ya sea en su versión metagramatical kantiana o en la orientación estrictamente copulativa e hilemórfica aristotélica. De todos modos Lask siempre la logró esta efectiva superación del psicologismo a base de justificar esta pretendida lógica de la validez en nombre de un platonismo logicista similar al de Lotze, que nunca cuestiona.

3) Max Scheler y la idea de una lógica transcendental de la corrección, describe las ambivalentes relaciones que Scheler mantuvo con la fenomenología de Husserl a través del análisis de Logik I, un escrito que nunca en vida llegó a publicar. De hecho Max Scheler concibe la lógica como una forma teleológica de justificar el análisis formal a partir del fin prioritario que persigue el pensamiento discursivo, a saber: justificar en primer lugar su propia corrección formal a largo plazo por sí mismo, ya sea de un modo intuicionista o fenomenológico, a pesar de tratarse de un  ideal imposible de alcanzar plenamente en el momento presente. Sólo después, en un segundo momento, se podrá aplicar este saber discursivo a la fundamentación de las distintas teleologías mediante las que se orientan la diversas formas de saber, a través de los consiguientes procesos de auto- y hetero-justificación, sin necesidad de remitirse a presupuestos neoplatónicos de tipo metafísico, como también ahora se critica a Lotze. De todos modos Scheler tampoco pudo evitar la vuelta hacia un creciente operacionismo kantiano que desmentía la pretendida autosuficiencia inicial de la lógica de la corrección. Además, tampoco habría acabado de comprender la aportación que a este respecto supuso la doctrina fenomenológica de la “intuición categorial” de Husserl.

4) La concepción husserliana acerca del origen del juicio predicativo en ‘Erfahrung und Urteil’, una obra que tampoco Husserl publicó en vida. Se analiza la génesis de aquel tipo de síntesis predicativa que se opera en el juicio lógico cuando se logra un efectivo cumplimiento o acoplamiento entre la receptividad sensible y la espontaneidad de las formas intelectuales universales, a través especialmente del análisis por niveles fenomenológicos de la llamada “intuición categorial”. Se generan así sucesivos juicios predicativos apofánticos, con la correspondiente aprensión simple o perceptiva y la subsiguiente forma categorial de carácter conceptual, unidas ambas mediante la cópula “es”, siguiendo la estructura S es P, para tratar de reflejar así un determinado estado de cosas. Todo ello permite establecer una conexión comparativa entre la operación de conocer y de juzgar en Husserl y Kant, respectivamente.

5) La concepción husserliana de intuición categorial. Se analiza el papel desempeñado por la sensibilidad y el entendimiento en la elaboración de la síntesis predicativa del juicio lógico, tal y como fue expuesto en la “Sexta” de las Investigaciones Lógicas. Se reconstruye la ampliación que en su caso experimenta la noción de intuición hasta hacer posible el cumplimiento o acoplamiento con las correspondientes categorías universales del entendimiento. Pero a su vez se describen los diversos niveles de conocimiento perceptivo, autorreferencial, intencional, señalando en cada caso el “excedente” adicional que en cada caso sobreviene de un modo reflexivo. Igualmente se destaca el modelo bidimensional de análisis intencional de estas propuestas, según se remitan a los correspondientes actos fenomenológicos fundantes de la receptividad sensible o a los correspondientes actos fenomenológicos fundados de la espontaneidad intelectual, en la medida que ambos se articulan a través de la correspondiente síntesis predicativa del juicio lógico. Se pone así de manifiesto la doble intencionalidad directa y refleja que a su vez corresponde a la sensibilidad y al entendimiento en la constitución del correspondiente objeto de conocimiento, ya sea mediante la aplicación de un nombre propio o mediante la asunción de la correspondiente forma categorial, siguiendo a su vez el modelo antes explicado de encabalgamiento de actos intencionales en si mismos bidimensionales.

6) Constitución, objetividad categorial y modalidad en Husserl. Se analiza el papel del lenguaje en la síntesis predicativa alcanzada en el juicio lógico, tal y como la propuso en su escrito, Teoría de la significación (1908), publicada ya después de su muerte en1987. Se contrapone el papel fenomenológico de la significación como acto intencional de carácter práctico, pero que a la vez responde a un contenido objetivo de naturaleza bidimensional; es decir, que adolece de un doble carácter intelectual y sensible, fundado y fundante muy preciso, como ya previamente había explicado en la Investigaciones lógicas. Sin embargo ahora se añaden otros tipos de bidimensionalidad, a saber: la doble función significativa y a la vez referencial desempeñada por el uso del lenguaje en relación a los diferentes “estados de cosas” a los que se aplica. Se genera así un nuevo modelo bidimensional de cobertura discursiva del tipo noético-noemático o explicativo-comprensivo, según los modos respectivos de referencia teleleológica que en cada caso se hace a la intuición sensible o a las correspondientes pretensiones de validez discursiva. Por su parte todo ello depende de que a su vez se adopte una actitud apofántica o meramente hipotética, dando lugar a las diversas formas de juicios modales, según sean de tipo aseverativo o meramente condicionado o asuntivo.

7) Juicio y modalidad en Husserl, se analizan las diversas revisiones críticas llevadas a cabo por el propio Husserl de la teoría de la significación, otorgando cada vez más realce al aspecto noemático o intencional teleológico respecto al meramente noético o predicativo, como el mismo propuso en Ideas I. Hasta el punto de acabar otorgando una mayor importancia a los juicios modales dóxicos de afirmación y negación respecto de su posterior aplicación meramente condicionada o asuntiva. Sin embargo todo ello le exigió la aplicación de una persistente neutralización de la correspondiente conciencia posicional, a fin de lograr mantener un equilibrio en la doble dimensión noética-noemática de los juicios lógicos, al modo como ahora exige la justificación de una ontología meramente formal.

8) ‘Synthesis y Diaíresis’. En motivo aristotélico en Husserl y Heidegger, se analiza la dependencia respecto de Aristóteles del pensamiento fenomenológico de ambos autores. Especialmente ocurre así en la fundamentación de la teoría lógica y ontológica de las categorías, ya sea de una forma directa, como afirma Volpi respecto del segundo, o a través de Brentano, en el primer caso. Se resalta a este respecto el papel desempeñado por la composición y la división en el análisis de la estructura interna del logos apofántico, punto de partida de cualquier análisis lógico o metafísico de las categorías, ya sean aristotélicas, husserlianas o heideggerianas. Se reconstruye así la lógica metafísica apofántica de la síntesis predicamental del joven Heidegger, antes de la publicación de Ser y tiempo en 1927. En efecto, fue entonces cuando se revisó la fundamentación fenomenológica de la lógica de Husserl proponiendo una ampliación y refundamentación de la síntesis predicamental por niveles categoriales entonces propuesta. Según Vigo, la peculiar lógica metafísica apofántica categorial heideggeriana se manifiesta de un modo paradigmático en la articulación sujeto-predicado de las correspondientes estructuras silogísticas y ontológicas, como ahora sucede con el “ser a la mano”, con el “ver en torno” o con el propio “ser en el mundo”. En todos estos casos se localizan unas estructuras lógicas que se deben interpretar desde un punto de vista pragmático-holista; es decir, mediante una lectura intencional y antilogicista de la estructura antepredicativa de la proposición, donde la cópula se interpreta al modo de un “como” hermenéutico y a la vez apofántico, sin tampoco cerrar la posibilidad de otras muchas interpretaciones. Es decir, una interpretación donde se antepone un tipo de estructuras antepredicativas que hacen posible la apertura a una concepción de la verdad como desvelamiento, así como a un efectivo descubrimiento del ser de los entes, incluida la propia noción de mundo, sin reducirla en ningún caso a un mera relación de adecuación o correspondencia, como había ocurrido hasta entonces en la fenomenología, especialmente en Husserl.

Finalmente, la monografía incluye dos anexos, el juicio y la posibilidad, que anteriormente no habían sido traducidos al castellano. Con este motivo también se muestran otras posibles prolongaciones de la fenomenología en otros tantos autores. En el primer caso, además de Husserl y Heidegger, se analizan las propuestas de Pfänder y H. Lipps. En el segundo, en cambio a Pfänder y N. Hartmann, además de los otros dos ya citados.

Para concluir una reflexión crítica. Sin duda la gran aportación filosófica de la fenomenología de Husserl, según Vigo, fue el uso heurístico bidimensional por niveles metódicos de la noción de “intuición categorial”, ya se haga de ella un uso restringido o aún más ampliado desde un punto de vista metafísico, como propuso el joven Heidegger. En este sentido Vigo ahora nos ofrece una visión actualizada del uso fenomenológico de la teoría de la significación, tal y como está siendo redescubierta a través de la reciente publicación en 1987 de algunas de sus obras inéditas hasta ahora. La fenomenología podría recuperar así el lugar central que durante mucho tiempo desempeñó en el debate metodológico y que probablemente nunca perdió, pero que ahora vuelve a renacer con más fuerza en el contexto de las nuevas tendencias de neodualismo postanalítico posteriores al segundo Wittgenstein, al movimiento de rehabilitación del silogismo práctico aristotélico, llevado a cabo por Anscombe y Gadamer, así como ahora también al último Heidegger, como el propio Vigo ya había comprobado en una obra anterior, Arqueología y aleteiología y otros estudios heideggerianos (Biblos, Buenos Aires, 2008).

Y en este sentido cabe plantear. ¿Se le podría asignar a la bidimensionalidad que ahora presentan dichas “intuiciones categoriales” una efectiva autoinmunidad frente a toda posible crítica, como al parecer ahora exige el carácter analítico “a priori” que se sigue asignando a determinadas formas de síntesis predicamental, ya se justifiquen en nombre de la lógica, la fenomenología o la propia metafísica? ¿Podría abrirse así un nuevo modo de acceso a la metafísica que eludiera las dificultades crecientes con que se acabó encontrando el último Heidegger a la hora de llevar a cabo su inicial proyecto programático de metafísica propuesto en Ser y tiempo? ¿Podrían las propuestas neodualistas de las nuevas corrientes postanalíticas y posthermnéuticas experimentar un “giro metafísico” similar al que Heidegger pretendió introducir en las propuestas de Husserl?

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Archivado bajo Fenomenología, Historia de la filosofía contemporánea, Lógica

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