El mundo es un sueño. “El viento se levanta” de Hayao Miyazaki.

Por Francisco Rodríguez Valls, Universidad de Sevilla.

Ficha técnica: Título original: Kaze Tachinu. Nacionalidad: Japonesa. Duración: 125 minutos. Estreno en Japón: 20 de Julio de 2013. Director: Hayao Miyazaki. Basada en la novela de Tatsuo Hori y en el cómic de Hayao Miyazaki.

-el-viento-se-levanta-original

La película tiene como motivo la frase de Paul Valéry: “El viento se levanta, haz de intentar vivir”. Comprender bien esa expresión es la clave para captar las intenciones de Miyazaki en esta bellísima obra. La película narra la vida de Jiro Horikoshi, el ingeniero aeronáutico que diseñó los aviones de combate japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Ya solo eso podría resultar polémico si no fuera porque el mensaje de la película es que hay que aprovechar las circunstancias en las que vives para construir el sueño que persigues. En aquellas circunstancias la aeronáutica estaba unida a la armamentística y era imposible diseñar una sin otra: si querías diseñar aviones tenían que ser de guerra aunque tu mirada estuviera puesta en la belleza misma del diseño y en la finalidad del transporte comercial: “hay que intentar vivir” significa que tienes que construir tu sueño en las circunstancias que te han tocado existenciar. Quizás las auténticas aspiraciones no puedas realizarlas tú directamente, pero tienes que ser lo suficientemente generoso como para colaborar al proyecto de construcción del mundo en el momento y forma en que puedes intervenir de hecho.

Sé que ese postulado engendra polémica. La generó en Asia respecto de esta obra, que fue tachada en algunos países como apología del imperialismo japonés. Pero conociendo que Miyazaki es un pacifista declarado creo que esa interpretación no es adecuada a sus propósitos. Y  no lo es especialmente cuando este filme se presenta como la última película que va a dirigir el genial cineasta y que, en consecuencia, es su testamento intelectual y estético. Las siguientes líneas pretenden explicar el marco en el que debe ser vista la película y quieren, expresamente, presentarse como apología de Miyazaki.

En la película está abiertamente tratado que los sueños pueden unir a los hombres por encima de las banderas que representan las pobres visiones de los nacionalismos. El sueño compartido, literalmente soñado por ambos a la vez, del conde Caproni y de Horikoshi así lo muestra. Y no es una cuestión accesoria teniendo en cuenta los reiterados encuentros de ambos personajes a lo largo de todo el filme. Caproni es la inspiración de Horikoshi y, tomándolo como modelo, logra superar sus diseños aeronáuticos y convertir en realidad el propio proyecto existencial. Los hombres pueden unirse en sus sueños. Si este mundo es bello, sin embargo parece que los únicos que lo defraudamos por la cortedad de nuestra visión somos los seres humanos: ¿qué pasaría si, como en el canto de Schiller, hubiera una auténtica fraternidad para la que es imprescindible compartir proyectos comunes? Si así fuera, el orbe estallaría de gozo porque sería objeto de la transformación amorosa hecha por la mano del hombre. Tendría consecuencias planetarias el que el fruto más logrado de la evolución, la inteligencia humana, se pusiera de parte del mundo y lo condujera, pastoreándolo respetuosamente, hasta el lugar donde pudiera dar el mayor fruto de sí.

Por otra parte, aquello que está en el trasfondo es que la realidad es producto de las manos del hombre. En eso coinciden esta película de tradición oriental con la filosofía de Occidente: el ser humano no puede renunciar a su tarea creadora porque en eso consiste su mismo ser, es decir, hacer que la naturaleza sea más de lo que es. Y resuenan las palabras bíblicas en las que Dios puso la Tierra en manos de los seres humanos para que la hicieran fructificar. La realidad del trabajo muestra, en consecuencia, que el mundo no es otra cosa que el sueño que los hombres tienen de él. La realidad es moldeable, es generable, no es piedra eternamente hecha e incapaz de ser transfigurada. El poder humano se resume en su capacidad de transmutar los valores “neutros” que tiene el ser natural de acuerdo con los sueños que posea el propio ser humano. La naturaleza está hecha del material del que se construyen los sueños. Claro que a esta afirmación hay que hacerle un par de precisiones.

En primer lugar, el ser humano debe ser consciente de que, si bien puede usar del mundo, no es su dueño. Pero no solo en el sentido de que no tenga derecho a apropiárselo, sino en el más radical de que si intentara hacerlo sería su propio fin. Dicho de otra manera: el uso del mundo requiere de responsabilidad para con el mundo mismo. El mundo tiene naturaleza propia aparte del ser humano de tal manera que es condición y circunstancia suya y el ser humano solo puede ser comprendido dentro del mundo: el ser humano no puede bajo ningún aspecto ser un ente “extramundano”.  Necesita de los cuidados del mundo y del alimento, del refugio y del sueño reparador. El hombre pertenece a él y, en la medida en que lo reconoce y solo en esa medida, el mundo le puede pertenecer. Por muy espiritual que se considere no puede superar los límites de su propia corporeidad que lo señalan como perteneciente al entramado del mundo. Superar lo que, en terminología parecida a la de Heidegger, podríamos llamar la mundaneidad del mundo significa no solo el fin del propio mundo sino también el fin del propio hombre.

En segundo lugar, el ser humano debe hacer proyectos que puedan ser compartidos por el resto de la humanidad. Ese es el origen y posibilidad del progreso, pero es también la posibilidad de continuidad del propio mundo en el que esté el ser humano. Darse cuenta de que su tiempo está al servicio de los otros –compartirlo-significa que el hombre permite a los otros entrar en el horizonte de su tiempo: les da derecho a existir dentro de su proyecto. Y eso es básico para diferenciar los proyectos de un ser comprometido de los proyectos de un  loco. Loco es el que persigue su nombre a costa de todo lo demás, incluso de la existencia de aquellos que tendrían que guardarlo en la memoria. Un ser comprometido es el que realiza su misión guardando los límites éticos de derecho a la existencia de las generaciones futuras que son las que pueden en verdad proseguirla y ser sus destinatarias. El argumento de qué mundo dejaremos a nuestros hijos y nietos tiene su fuerza en este contexto, en el de un tiempo compartido en el que todos se necesitan y se sirven a todos.

Hay un detalle de la vida de Horikoshi que está presente en la película y que concreta bien el mensaje que quiero transmitir: Horikoshi es miope y no puede pilotar. No es la función de un piloto famoso la que le toca en la urdimbre de su vida puesto que físicamente no podrá realizar el sueño de dirigir nunca un avión. Pero esa frustración se transfigura en la mayor de las generosidades: él no podrá pilotar aviones, pero los diseñará para que otros puedan pilotarlos en las mejores condiciones posibles. Y su aportación a la historia de la humanidad tampoco lo convierte en un genio apartado y misántropo que está lejos de la vida de los humanos comunes: él vivió su historia de amor y de amistad. En su caso fue triste por la enfermedad tísica de su mujer. Pero la generosidad que también demostró por acompañar en toda circunstancia a quien se ama habla de él como un hombre fuerte que supo tomar rectamente las riendas de su propio destino en las circunstancias que su tiempo le ofreció.

Solo me queda ya, por motivos de espacio, recomendar el visionado de la película no solo por motivos filosóficos sino por motivos estéticos. Los dibujos están hechos con tal delicadeza y con tal belleza y cuidado que despiertan y educan la sensibilidad presentándonos una estética oriental diferente de la de los mangas al uso. Japón sabe hacer otros dibujos aparte de los de las series más famosas que, en ocasiones, dejan mucho que desear por su negrura. En esta película brilla la luz de manera prodigiosa. El maestro Miyazaki ha abierto con ella una forma de animación que espero tenga seguidores entre los excelentes dibujantes orientales. El último paso de un genio abre camino a los que vienen después.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Antropología filosófica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s