Archivo mensual: abril 2016

En memoria de Ángel Luis González

image_galleryPor Rafael Reyna Fortes

Resulta, ya de entrada, inasumible e imprudente la tarea de esbozar la sabiduría y magnanimidad de Ángel Luis González. Por eso, pretendo tan sólo, a modo de agradecimiento a su persona, señalar alguna de las cosas que he aprendido de él durante los cuatro últimos años a su lado.

 

Si pudiera escoger la idea que más veces me intentó transmitir es la de “hacerme entender”. No basta –como el decía– con ser un buen investigador, es necesario ser un buen docente para ser un gran académico. Eso significa que la verdad ha de ser transmitida y enseñada en todos los ámbitos. No hay que encerrarla en un conjunto indescifrables de palabras rimbombantes. Al contrario, la verdad ha de ser puesta en lo más alto de la vida de cada persona, porque sólo de este modo, cabe dar cuenta de ella. Es decir, la verdad sólo se muestra como ella es, cuando ilumina y es perseguida por quienes la contemplan. De otra manera, fideísmo y relativismo, encarcelan la libertad humana y la hacen incapaz de avanzar hacia su elemento.

 

Otra idea, que no me transmitió con sus palabras, sino con sus actos, fue la de estar siempre disponible para ayudar a los demás. Don Ángel Luis era director y amigo de todos los que hemos pasado por la Universidad de Navarra. Y ese lazo establecido por él permanecía rígido pese a la distancia. Siempre respetó las ideas de los demás, aunque, en el fondo, no estuviera de acuerdo o pensara que había que hacerlo de otro modo. Jamás me dijo cómo debía de pensar ni qué debía leer. Tan sólo me aconsejaba o sugería este u otro libro, o esta u otra manera de abordar algún asunto. Pero la experiencia me enseñó rápidamente que, siguiendo sus indicaciones, siempre llegaba mucho más lejos que si me hubiera empeñado en ir por donde yo pensé al principio. Esto es muestra de la altura intelectual y de la grandísima humildad de una persona que ahora disfruta en el Cielo de aquél a quien vivió profundamente unido y del que no volverá a separarse. Desde allí, estoy seguro, seguirá siempre dirigiendo a sus amigos y a todos los que hemos tenido el gozo de disfrutar de su favor.

 

Eternamente agradecido

Rafael Reyna Fortes

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Angel Luis González. In Memoriam

Angel Luis

Por Juan José Padial

Hace unas horas me comunicaron el fallecimiento de un gran amigo, un gran maestro, un gran filósofo, y sobre todo un grandísimo hombre: Ángel Luis González.

Angel Luis nació en una familia en la que la filosofía estaba bien arraigada. Con frecuencia solía hablar de su padre: Ángel González Álvarez, celebre catedrático de filosofía de la Universidad Complutense, y que contribuyó a la filosofía española con un excelente Manual de Metafísica, en dos volúmenes.

Hijo de filósofo, hermanos de filósofos, y formador de filósofos. Parece que este era un elemento en el que se movía y respiraba francamente muy bien. Por sus manos pasamos cientos de personas buscando consejo, bien para iniciar nuestra investigación, bien para proseguirla. No en vano dirigió 67 tesis doctorales. Siempre había un consejo prudente, acertado, que intentaba hacerse cargo de la situación y hacer justicia en todos los flancos. Eramos muchos, los que ya entrados en años, seguíamos confiando en su recto parecer, su sabio consejo, y su lealtad que sabía cuidarnos.

Ahora que una inteligencia como la suya, que era un ámbito en el que muchos nos recomponíamos cuando estábamos desbordados por la vida, ya no está entre nosotros, somos muchos los que -una vez más- estamos vencidos, pero ahora porque no lo encontramos y no contaremos más con su consejo.

En cualquier caso, el profesor Ángel Luis González fue el primer catedrático de Metafísica de la Universidad de Málaga. Estuvo poco en mi Universidad, apenas un año: 1983. Pronto pidió la excendencia para gastarse trabajando y cuidando personas en Navarra.

Entre sus méritos profesionales, me parece que los más granados están en haber contribuido con brío a la investigación en Nicolás de Cusa y en Leibniz. Haber impulsado los estudios sobre Leonardo Polo. Sin él, no habrían sido posibles muchas cosas de las que se han hecho en las últimas décadas, y en haber creado y mantenido dos de las colecciones de filosofía más importante del mundo Iberoamericano: las colecciones filósoficas de la editorial EUNSA.

No quiero dejar este post sin recomendar uno de sus escritos más personales y más cargados de consecuencias antropológicas: la lección inaugural del curso 2013-14, que tituló Persona, don, libertad.

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