En memoria de Ángel Luis González

image_galleryPor Rafael Reyna Fortes

Resulta, ya de entrada, inasumible e imprudente la tarea de esbozar la sabiduría y magnanimidad de Ángel Luis González. Por eso, pretendo tan sólo, a modo de agradecimiento a su persona, señalar alguna de las cosas que he aprendido de él durante los cuatro últimos años a su lado.

 

Si pudiera escoger la idea que más veces me intentó transmitir es la de “hacerme entender”. No basta –como el decía– con ser un buen investigador, es necesario ser un buen docente para ser un gran académico. Eso significa que la verdad ha de ser transmitida y enseñada en todos los ámbitos. No hay que encerrarla en un conjunto indescifrables de palabras rimbombantes. Al contrario, la verdad ha de ser puesta en lo más alto de la vida de cada persona, porque sólo de este modo, cabe dar cuenta de ella. Es decir, la verdad sólo se muestra como ella es, cuando ilumina y es perseguida por quienes la contemplan. De otra manera, fideísmo y relativismo, encarcelan la libertad humana y la hacen incapaz de avanzar hacia su elemento.

 

Otra idea, que no me transmitió con sus palabras, sino con sus actos, fue la de estar siempre disponible para ayudar a los demás. Don Ángel Luis era director y amigo de todos los que hemos pasado por la Universidad de Navarra. Y ese lazo establecido por él permanecía rígido pese a la distancia. Siempre respetó las ideas de los demás, aunque, en el fondo, no estuviera de acuerdo o pensara que había que hacerlo de otro modo. Jamás me dijo cómo debía de pensar ni qué debía leer. Tan sólo me aconsejaba o sugería este u otro libro, o esta u otra manera de abordar algún asunto. Pero la experiencia me enseñó rápidamente que, siguiendo sus indicaciones, siempre llegaba mucho más lejos que si me hubiera empeñado en ir por donde yo pensé al principio. Esto es muestra de la altura intelectual y de la grandísima humildad de una persona que ahora disfruta en el Cielo de aquél a quien vivió profundamente unido y del que no volverá a separarse. Desde allí, estoy seguro, seguirá siempre dirigiendo a sus amigos y a todos los que hemos tenido el gozo de disfrutar de su favor.

 

Eternamente agradecido

Rafael Reyna Fortes

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