Archivo de la categoría: Filosofía de la cultura

Koselleck, Reinhart; Begriffsgeschichten. Studien zur Semantik und Pragmatik der politischen und sozialen Sprache; Spree, U.; Steinmetz, W.; Dutt, C. (Hrsg.); Suhrkamp, Frenkfurt, 2006, 569 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Historia conceptual analiza la posibilidad irrenunciable de otorgar al progreso humano un sentido aún edificante, que permita apropiarnos del legado ilustrado más valioso de las ciencias históricas o del espíritu del siglo XVIII y XIX, a pesar del rechazo generalizado de este tipo de propuestas por parte de la post-modernidad. Según Reinhart Koselleck (1923-2006), recientemente  fallecido, la ilustración acertó a localizar el auténtico sujeto del acaecer histórico, ya se trate del libre-pensador moderno, del ciudadano burgués o del actual individuo democrático, desvinculándolo de los anteriores presupuestos míticos o teológicos de la interpretación de la historia griega (Tucidides, Aristóteles) o cristiana (San Agustín), aunque sin tampoco dejarlo en manos de fuerzas sociales anónimas como acabó ocurriendo en los algunos procesos revolucionarios del XVII-XIX (Robespiere, Napoleón Bonaparte) o en los totalitarismos de inicios del siglo XX (Marx, Engels, Hitler), o en la promesas utópicas de una futura sociedad libre de dominio (Mercier). En su opinión, durante la ilustración aparecieron algunas nociones históricas fundamentales, como la noción de Estado-nación, de progreso, regreso, de emancipación, liberación, crisis o revolución (Herder, Goethe, Kant, Hegel), sobre las que hoy día las más distintas tradiciones mantienen una amplia convergencia de seguir otorgándoles una plena vigencia conceptual, con sólo una pequeña modificación: justificarlas en nombre de la responsabilidad ética mínima (Max Weber) que todas las culturas y naciones deberían prestar al equilibrio ecológico global, al modo como con anterioridad ya sucedió con los ideales universalistas de la ilustración (Kant, Adorno).

Precisamente, según Koselleck, la historia conceptual se propone como una semántica y una pragmática del lenguaje político y social, que pretende evitar el relativismo de los defensores de la historia total mediante una contraposición lo más estricta posible entre el significado semántico y el posterior uso pragmático dado a este tipo de conceptos. Se pretende reconstruir así el hilo conductor subyacente a la evolución interna de este tipo de nociones fundamentales, localizando sus contradicciones internas y sus incondicionadas pretensiones de validez, sin hacerlos ya depender exclusivamente del contexto cultural y social donde se originaron. En su opinión, tanto la historia conceptual,  como la social y cultural generan una dinámica diferenciada de interacción recíproca entre los acontecimientos y sus respectivas formas de lenguaje (Gadamer, Schieder, Sellin), tanto desde un punto de vista sincrónico como diacrónico (Coseriu), sin necesidad de establecer una estricta dependencia causal entre ellas. Por su parte la historia conceptual remite sus respectivos procesos de avance y retroceso a unos ideales regulativos  previos (Vico, Burckhardt, Wieland, Cassirer), de modo que sus respectivos conceptos fundamentales ahora se afirman como un presupuesto trascendental y una condición de sentido del peculiar carácter histórico del ser humano (Gadamer). Sin la mediación de estos conceptos fundamentales tampoco sería posible la elaboración de una historia digna de tal nombre, ya se conciba al modo racionalista ilustrado o ya se le quiera dar un sentido humanista aún más elevado. Sólo así sería posible introducir un mayor distanciamiento a la hora de valorar los logros indudables de los proyectos ilustrados de cada uno de los distintos sistemas democráticos, sin tampoco negar sus carencias y lagunas, según incrementen las posibilidades de autodeterminación y emancipación humana o simplemente las anulen. A este respecto se defiende una teleología histórica en sí misma abierta y en permanente revisión crítica de sus respectivas formas institucionales de realización, tanto a nivel global como individual, incluyendo ahora también a la familia en sus diversas configuraciones jurídicas y sociales.

Para justificar estas conclusiones la monografía se divide en cinco parte: 1) La teoría y el método de la historia conceptual analiza el papel que desempeña una reconstrucción de este tipo en la investigación histórica; 2) Los conceptos y su historia justifica el papel de estas reconstrucciones en algunos casos concretos, como ahora ocurriría con la noción de formación, o más bien autoformación (Bildung), de progreso, de emancipación, de crisis, de patriotismo, de revolución, de utopía o de enemigo; 3) La semántica y la pragmática del lenguaje ilustrado, muestra la necesidad de estos mismos conceptos para denunciar sus propias contradicciones culturales, ya sea al justificar una posible superación del antiguo régimen, o al valorar las innovaciones del lenguaje ilustrado o al establecer los límites de la tolerancia; 4) La semántica política y social en la historia de las constituciones, analiza la continuidad existente entre la filosofía política ilustrada y aristotélica,  al menos en el caso alemán, francés e inglés, a la hora de justificar sus respectivos ideales regulativos o de denunciar sus posibles incoherencias; 5) Desde la historia conceptual a la conceptualización histórica, analiza específicamente las vivencias de cambio social relativo a la casa, la familia o la servidumbre, que se tuvieron durante la revolución francesa de 1789 y la alemana de 1848, estableciendo un paralelismo con las discrepancias contemporáneas sobre la posibilidad de una política basada en el respeto del medio ambiente a nivel global; finalmente, se incluye un anexo de Carsten Dutt sobre diversos fragmentos dejados incompletos por Reinhart Koselleck, antes de dar por terminada su obra.

Para concluir una reflexión crítica. Sin duda Reinhart Koselleck trata de revitalizar la tradición ininterrumpida alemana de diccionarios historiográficos iniciada por Joaquim Ritter y Otto Brumer, adaptándola a los problemas actuales generados por la  globalización económica. Y en este sentido cabría preguntarse. ¿Son comparables los cambios de estratificación social provocados por las revoluciones del siglo XVIII y XIX, con los posibles cambios futuros globales que pudieran venir provocados por la aceptación masiva de los distintos sistemas democráticos del recurso al aborto, a la eutanasia o al control de natalidad, como procedimiento para garantizar el logro efectivo de determinadas metas sociales? ¿El salto histórico producido con la llegada del nuevo milenio puede reducirse a una simple profundización en la visión de la historia ilustrada, como si mientras tanto todo siguiera igual, o se trataría más bien de un cambio más profundo en la justificación de los propios sistema democráticos que ha terminado por poner en crisis un conjunto de conceptos históricos fundamentales, como ahora una vez más se comprueba? ¿Realmente se puede seguir justificando una visión meramente secularizante o laicista de los sistemas democráticos, que permitiría desvincularlos de cualquier referencia a determinados presupuestos teológicos de la historiografía griega y cristiana (Löwitz), cuando simultáneamente se sigue aceptando la referencia a una ética de mínimos y a un equilibrio ecológico global que, a pesar de pretender lo contrario, sigue cumpliendo sus veces?

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Konersmann, Ralf; Kultur Tatsache, Suhrkamp, Frankfurt, 2006, 406 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Hechos culturales, concibe la filosofía de la cultura como una metafilosofía o filosofía primera invertida, que abandona la pretensión hegeliana de lograr una reinterpretación de las nociones básicas de la filosofía a partir de otras todavía más altas, y las sustituye por una simple relativización y desconstrucción aún más generalizada de este tipo de nociones, sin tampoco posponer su efectiva consecución a un futuro ideal más o menos lejano, como en su opinión siguió ocurriendo en la filosofía de la cultura de principios de siglo, especialmente en Cassirer o Simmel. Según Ralf Konermann, la misma expresión hecho cultural sería un oximoron o expresión contradictoria, que a su vez constituiría un residuo o resabio de la mentalidad positivista, cuando se recurrió a la ciencia para justificar aquellas profundas aspiraciones humanas latentes en la descripción de los hechos de la experiencia y de la cultura, sin sacar la consecuencia oportuna, a saber: el carácter desconstructivista y relativista de la razón humana que termina invirtiendo el significado de los hechos culturales al mostrar su dependencia respecto de nuestros propios convencionalismos, sin que ya se les pueda otorgar un significado o valor unívoco de tipo transpersonal e intersubjetivo. A este respecto la monografía analiza diversas expresiones tópicas que, como hechos literales, los brutos hechos o los duros hechos, ponen en evidencia este doble carácter dado y a la vez construido/desconstruible  que ahora se atribuye a la cultura en general, y a determinadas instituciones y conceptos filosóficos en particular, sin que nos podamos ya hacer falsas ilusiones sobre el posible sentido que se les debe otorgar.

Para justificar estas conclusiones Ralf Konermann sigue un hilo argumental bastante similar en todos los casos. En primer lugar muestra la novedad que supuso la reafirmación por parte de la modernidad de los valores culturales que habían pasado desapercibidos al pensamiento clásico en general, como especialmente ocurrió en Bacon y Montaigne. En segundo lugar se muestran la orientación que acabó tomando el proceso de secularización de la cultura durante la ilustración, sustituyendo el papel anteriormente desempeñado por la omnipotencia divina por el ahora atribuido a una visión providencialista de los hechos culturales, como especialmente ocurrió en Kant y Hegel. En tercer lugar se muestra como la mayoría de los críticos de Hegel y de su noción de cultura, siguieron manteniendo de un modo sobreentendido la prosecución del mismo tipo de ideales secularizados, aunque pospusieran ilimitadamente su consecución efectiva al desarrollo de una ciencia verdaderamente positiva, como en su opinión acabó ocurriendo en Simmel, Cassirer o Panofsky y la escuela de Warburg. En estos casos no se sacaron las consecuencias oportunas de la crítica formulada por Nietsche a Hegel, como finalmente acabó sucediendo en ell posmodernismo filosófico de Foucauld y Derrida. Sólo entonces se atribuyó a la acción humana las ilimitadas potencialidades dadoras de sentido respecto de la cultura, sin reducirla a un hecho que a su vez pudiera ser objeto de una ciencia positiva meramente descriptiva o de una simple descripción fenomenológica inmovilizadota, devolviendo el protagonismo a quien realmente le corresponde.

Ralf Konermann lleva a cabo esta des-construcción de la noción de cultura a través de un análisis conceptual de nociones filosóficas de la modernidad ilustrada que, en su opinión, después siguieron siendo sistemáticamente malinterpretadas durante la mayor parte de la filosofía contemporánea, agrupadas a su vez en cinco secciones, a saber: La Introducción analiza la noción de hecho cultural (en polémica con Merleau-Ponty, Cassirer y Adorno); 1) Formas de tiempo, describe el paradójico espíritu de la época (siguiendo a Blumenberg y Nietsche) y el presentismo excluyente del modernismo intelectual (siguiendo a Lévi-Strauss); 2) Formas de vida, reconstruye la problemática actualidad del saber filosófico (en polémica con Cassirer), el sentido de la vida y de la muerte (siguiendo a Jankélévitch), la mitificación injustificada de la noción de persona (siguiendo a Musil) y la pervivencia del sentido épico tras la metáfora marina (siguiendo a Nietzsche); 3) Formas de pensar describe la paradójica disociación entre las formas de vida y los estilos del pensar en la primera modernidad (siguiendo a Blumenberg), la anti-hemenéutica como una posible forma de vida conflictiva (en referencia a Habermas, Popper y Gadamer) y el paradójico precio de la legibilidad de las cosas (Blumenberg); 4) Formas de leer analiza la peculiar legibilidad de las materias problemáticas (en P. Válery), la posibilidad de una historia natural de la cultura (en B. Benjamin) y la posibilidad de tomar la calle como motivo de reflexión filosófica y artística (sobre el sentido del surrealismo en Baudelaire, Breton o Adorno); 5) Formas de lenguaje, reconstruye la génesis histórica de la semántica política (sobre el sentido actual del marxismo y otras utopías en polémica con Koselleck, Spaemnan, Luhmann o Mittelstrass y a favor de Derrida o Lübbe), el carácter absolutamente arbitrario del trabajo de la razón (sobre el sentido de la verdad en la metaforología de Blumenberg) y el valor meramente biológico de las palabras y las cosas (sobre las posibilidades de una historia conceptual al modo de Ritter), para llegar a una conclusión: el adiós a la verdad desnuda, sin posibilidad de hacerse falsas ilusiones.

Para concluir una reflexión crítica. Ralf Konermann polemiza con algunos defensores de una filosofía cultural que quieren seguir viendo en la historia conceptual la posibilidad de encontrar un hilo conductor que permita reconstruir el posible sentido edificante del progreso humano, al modo como en su tiempo propuso Joachin Ritter u hoy día Reinhart Koselleck. Por este motivo se rechaza la posibilidad de una historia conceptual de este tipo, dado que cualquier hecho cultural está sujeto a múltiples interpretaciones, sin que existan unos parámetros ideales (de tipo hegeliano) que a su vez permitan reconstruir este hilo conductor que ahora se anda buscando. Evidentemente Konermann sigue reconociendo las posibles aportaciones del proyecto moderno respecto de un pasado anterior, aunque, a diferencia de Koselleck, rechace la posibilidad de proponer una reformulación de este tipo de proyectos respecto del futuro más cercano que aún esta por venir. Y en este sentido cabría cuestionar: ¿Su filosofía de la cultura no sigue manteniendo un hilo conductor evolutivo, al menos respecto del pasado, aunque pretenda invertir su sentido respecto del futuro? ¿Hubiera sido posible reconstruir la ruptura radical acaecida hoy día en el modo de entender las nociones antes mencionadas sin seguir defendiendo una peculiar historia conceptual, aunque se discrepe totalmente del sentido final hacia el que se dirige? ¿Un planteamiento des-constructivista como el que ahora se defiende, evita verdaderamente la aparición de un relativismo, un presentismo, un contextualismo, un historicismo, como el que ahora se critica en los planteamientos ilustrados, o simplemente reincidiría en ellos aún con más fuerza?

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HEIDEGGER, Martin; La idea de la filosofía y le problema de la concepción del mundo, traducción y notas de Jesús Adrián Escudero. Barcelona: Herder, 2005, 165 páginas.

Luis de Santiago Guervós

Éste es el título de las primeras lecciones que el joven Heidegger impartió entre el 25 de enero y el 16 de abril de 1919 en la Universidad de Friburgo como profesor no numerario, asistente de Husserl. Estas lecciones tienen un contexto especial, pues se impartieron en un semestre recién terminada la primera guerra mundial,  y que por eso mismo se le denominó  Semestre de posguerra. Al margen de esta circunstancia coyuntural, el texto responde a los cánones académicos del momento, que se centraban fundamentalmente en las discusiones filosóficas que generaban las distintas corrientes de pensamiento.  Las referencias al neokantismo y a la fenomenología son constantes. En esta primera lección de Heidegger se puede ya apreciar el nacimiento de la nueva terminología que después acuñaría  en  Ser y Tiempo. Aquí se pregunta ya por la tarea de la filosofía y, especialmente, por la actitud que se puede adoptar frene a la hermenéutica, el psicologismo, el neokantismo y la fenomenología, que entonces encontraban su expresión máxima en autores como Dilthey, Rickert, Natorp o Husserl. Heidegger parte de que la idea de ciencia exige implícitamente un desarrollo metodológico de los problemas y nos plantea la tarea de una explicación previa que elimine los malentendidos y la preconcepciones que distorsionan el tema de la investigación. De este modo va explicando en una primera parte la idea de la filosofía como ciencia originaria, y una segunda parte en la se plantea la naturaleza de la fenomenología como ciencia preteórica, que trata de elucidar la estructura de la vivencia y el problema de las presuposiciones. Es interesante retornar a los orígenes de la filosofía de Heidegger, pues muchas de las ideas posteriores se generaron a partir de estas intuiciones juveniles.

Luis de Santiago Guervós

blog_tags(‘post’, ‘Inciarte_Llano_Metafisica_final_metafisica.html’, ‘INCIARTE, F.-LLANO, A., Metafísica tras el final de la metafísica, Ediciones cristiandad, Madrid 2007; 381 pp.’)

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FORNET-BETANCOURT, R., Transformación intercultural de la filosofía. Ejercicios teóricos y prácticos de la filosofía intercultural desde Latinoamerica en el contexto de la globalización, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2001, 427 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Raul Forment-Betancourt ha analizado en Transformación intercultural de la filosofía de 2001 las posibles aportaciones de las culturas indigenistas en el momento presente a la recuperación de un verdadero humanismo. En su opinión, se debe rechazar la visión eurocéntrica del choque de civilizaciones donde Latinoamerica inevitablemente lleva la peor parte, para ‘descubrir’ en su lugar un mosaico de culturas abiertas a una creciente interculturalidad recíproca. En este contexto, se proponen tres principios que deberían guiar un adecuado tratamiento de las culturas indígenas: 1) evitar la desestructuración de la memoria simbólica del imaginario indígena por un recurso abusivo a conceptos lógicos del pensamiento griego-occidental; 2) Evitar una descolocación de las palabras o ‘mitos’ fundantes del imaginario indígena por la aceptación de las jerarquías conceptuales de la razón griega-occidental; 3) Evitar la dislocación de sentido a las que se verían sometidas las diversas tradiciones autóctonas si se les impusiera un proceso de inculturación fundado en un logos extraño a la formación viva de sus respectivas tradiciones y palabras fundantes (p. 240-241). Sólo así será posible evitar el mono-localismo tradicional de la filosofía, para dejar paso a una “discusión entre culturas en una especie de parlamento democrático, que no concede a ninguna cultura derecho a veto, pero si el derecho a expresarse sin limitaciones conceptuales previas” (p. 241). Se trata así de interaccionar las culturas con un nuevo espíritu ecuménico donde la solidaridad entre los ‘logos’ conlleve una apertura sin limitaciones al imaginario indígena (p. 243).

Para Forment-Betancourt una filosofía intercultural de este tipo debería comenzar recuperando las tradiciones de filosofía latinoamericana más cercanas al indigenismo, desde Alberdi a Leopoldo Zea, Ardao, Miró Quesada o Roig. Sólo así se podrán evitar las falsas contraposiciones entre filosofías mestizas, criollas o europeas, cuando lo decisivo es el logro de un efectivo dialogo intercultural sin exclusiones previas. Se valora a este respecto el esfuerzo de apertura a la interculturalidad llevada a cabo por la segunda generación de la Escuela Crítica de Frankfurt, especialmente por parte de Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas. Sin embargo se rechaza que al final los valores rectores defendidos sigan siendo de clara procedencia europea. Por otro lado también se valora positivamente la filosofía latinoamericaca de la liberación de Enrique Dussel, cuando toma como punto de partida “lo que hay” asumido críticamente, sin reducirlo en ningún caso a “lo que hay” en el sistema dominante. Sin embargo ahora también se le critica su tendencia a nivelar las diferencias existentes entre las distintas tradiciones indigenistas, para sustituirlas por un indiferenciado “mestizaje cultural”, sin poder evitar la reaparición del tan denostado discurso monocultural. En su lugar ahora se hace notar como el reconocimiento del carácter contextual del dialogo intercultural en ningún caso debe suponer una relativización o distanciamiento respecto de los derechos humanos, debido precisamente a su procedencia europea. En su lugar más bien los derechos del hombre se atribuyen a esa ‘otra’ Europa que siempre estuvo a favor de las culturas indigenistas, aunque pocas veces fuera oída (p.289). En cualquier caso el ‘ethos’ liberador de los derechos humanos no es un patrimonio exclusivo de ninguna cultura, sino que pertenece a todas, en la medida que contienen un elemento utópico, como también sucede en las culturas indígenas.

Para concluir una reflexión crítica. La investigación de Forment-Betancourt también parece incorporar al análisis estructural del indigenismo algunos elementos post-estructuraliastas; por ejemplo, el rechazo del eurocentrismo que a su vez ha provocado un progresivo debilitamiento de las culturas indígenas por tratar de medirlas por unos cánones propios del logos occidental, pero extraños a sus respectivas tradiciones de pensamiento. Posteriormente se comprueba que las estrategias democratizadoras seguidas por el neoliberalismo político, por los procesos de globalización económica, o por la universalización uniformista de los derechos humanos, no han hecho más que agravar estos problemas. A este respecto Forment-Betancourt parece querer dar salida a las numerosas paradojas que se hacen presentes en el análisis post-estructural de las culturas indígenas mediante una recuperación de determinados elementos “utópicos” o simplemente interculturales de las culturas indigenistas, aunque ahora tampoco se concretan cuales podrían ser. Evidentemente se trata de una paradoja de las filosofías indigenistas, que a su vez remiten a otra aún más acuciante: ¿Qué valores humanos puede aportar el indigenismo al dialogo intercultural, sin asignarle un mero papel testimonial respecto de un pasado ya irrecuperable?

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BERTOLA, Giuseppe, FOELLMI, Reto; ZWEIMÜLLER, Josef; Income Distribution in Macroeconomics Models, Princenton University, Princenton, 2006, 417 pp.

Carlos Ortiz de Landázuri

Distribución de renta en los modelos macroeconómicos, es un claro ejemplo del giro pragmático operado en la metodología científica en el modo de enjuiciar los numerosos factores micro- y macro-económicos  que de un modo imponderable pueden terminar afectando a sus respectivos modelos teóricos. En este caso concreto Bertola, Foellmi y Zweimüller analizan el posible impacto que la redistribución microfactorial de la renta puede acabar ejerciendo sobre las expectativas de crecimiento de un sistema macroeconómico, así como sobre la ulterior aminoración de los habituales desequilibrios existentes entre ricos y pobres. Se recupera así un tema de gran calado en el liberalismo económico desde tiempos de David Ricardo, pero que hoy día se ha vuelto replantear desde una óptica post-keynesiana con motivo de la famosa curva de Kuznets. En este caso se justificó la necesaria pervivencia de fuertes desigualdades en la redistribución microfactorial de la renta en una primera fase de recuperación económica, dejando para un momento posterior la posibilidad de un reparto más equitativo entre los diversos agentes económicos por obra de las correspondientes ingenierías financieras.

Sin embargo ahora se considera la necesidad de tener en cuenta la imponderable incidencia de numerosos factores microecómicos que retrotraen la justificación de los modelos macroeconómicos del liberalismo clásico a un momento previo, donde también se tengan en cuenta la posible presencia de situaciones de incertidumbre o de aleatoriedad, sin por ello tener que modificar los habituales parámetros macro-económicos de los modelos clásicos. Se analiza así el posible impacto de determinados factores micro-factoriales por ser un requisito previo que legitima y condiciona la ulterior aplicación de un determinado modelo macroeconómico. Al menos así sucede con los criterios de redistribución de la renta, sin tomarlos ya como un simple accidente sobrevenido y en sí mismo imponderable externo al sistema. En su lugar más bien se trata de comprobar la posible incidencia de numerosos factores microestadísticos de la economía familiar en el sistema macro-económico, dando lugar a dos posibilidades: o bien se formalizan como si se tratara de factores homogeneizables mediante la posterior aplicación de un cálculo diferencial, siguiendo a su vez los patrones habituales de los cálculos macro-económicos, aunque simultáneamente se genere un ámbito de imponderabilidad creciente respecto a su posteriores aplicaciones de tipo práctico; o bien se reconocen desde un principio las limitaciones inherentes a un modelo de homegeneización como el antes postulado, reconociendo la imponderabilidad del modelo teórico hasta entonces usado e iniciando en su lugar una revisión del modelo de crecimiento y de redistribución de la renta hasta entonces seguido, como ahora sucede con la curva de Kuznets.

La redistribución de la renta pasa así a ser considerada como un factor micro-económico que obligó a revisar los patrones macroeconómicos de crecimiento hasta entonces utilizados, sin tomarla ya como un simple efecto secundario e inevitable del modelo macroeconómico considerado. En su lugar la redistribución de la renta se tomó más bien como un objetivo prioritario de la política económica que a su vez nos obliga a revisar los modelos de crecimiento y de bienestar en cada caso utilizados, siempre que se admita la posibilidad de errores imponderables, ya sean de tipo macro- o microe-conómico. A este respecto se postula para todo potencial consumidor un comportamiento micro-económico homogéneo, justificando así la tendencia al ahorro en nombre de una dinámica de desarrollo a largo plazo en sí mismo infinita, o al menos ilimitada. Al menos así sucedió en el modelo macro-económico de crecimiento propuesto por “Ramsey-Cass-Koopman”, siguiendo a su vez el ‘Nuevo dualismo’ de Hempel. Sin embargo ahora este modelo se contrapone a la llamada ley de Engel, según la cual, el crecimiento micro-ecónomico de la renta relativa genera a su vez un decrecimiento del nivel de consumo y una subsiguiente mayor tendencia al ahorro, postulando un comportamiento homogéneo por parte del consumidor muy distinto al propuesto cuando la redistribución de la renta se mantiene homogénea.

Habitualmente los modelos macro-económicos de crecimiento han resuelto esta paradójica contraposición en la forma antes indicada por la curva de Kuznets. Sin embargo ahora se rechaza una conclusión tan precipitada que no tiene en cuenta la posible incidencia de determinados factores micro-económicos en sí mismos imponderables. En su opinión, esta contraposición fue el detonante del giro pragmático que hoy día se ha producido a la hora de conceptualizar las más habituales correlaciones entre los factores macro- y micro-económicos, tomándolos indiscriminadamente como en sí mismos imponderables. Por eso ahora también se revisa la dependencia que los modelos económicos clásicos establecían entre los recursos acumulados (capital) y no acumulados (trabajo), o entre trabajo y ocio, o entre consumo familiar y ahorro productivo, o entre renta inmovilizada del capital e inversión en innovación tecnológica, o entre horizonte limitado de expectativas y horizonte ilimitado con solapamiento de generaciones, llegando a una misma conclusión: en ningún caso estos factores macro- o microfactoriales se deben considerar ya un efecto secundario o no deseado del modelo económico, cuando se trata más bien de un tipo de relaciones elementales previas, que a su vez condicionan el posterior desarrollo del conjunto indivisible del modelo económico.

Para justificar una revisión de este tipo la monografía se divide en tres parte, subdivididas a su vez en trece capítulos: La parte primera: Crecimiento acumulativo y ahorro individual, analiza la posible incidencia del comportamiento micro-económico individual en la medición de las grandes magnitudes macro-económicas, a través de seis pasos: 1) Producción y redistribución de la renta en una economía de mercado, reflexiona sobre la posible incidencia de los comportamientos microeconómicos a nivel familiar en los procesos macroeconómicos a nivel global, alterando nuestro modo de conceptualizar las nociones económicas más elementales en la forma antes señalada; 2) Propensiones exógenas para el fomento del ahorro revisa la correlación inversa entre consumo y ahorro que, según Kuznets, se produce en las primeras fases del despegue económico, cuando en su opinión se trata de una conclusión precipitada; 3) Ahorro óptimo analiza su correlación con el consumo, dando lugar a la consiguiente dinámica de acumulación y distribución, tanto respecto a los medios de producción como respecto a los niveles de riqueza y endeudamiento alcanzado; 4) Factores de la redistribución de rentas analiza la incidencia del ahorro, del endeudamiento y del consumo en los inicios de un modelo de crecimiento de tipo postkeynesiano, comprobando que el modelo neoclásico admite otras posibles variantes de crecimiento sostenido, distintas a la curva de Kuznets, especialmente si se tiene en cuenta el crecimiento a largo plazo. Evidentemente en este contexto las distorsiones generadas por la política fiscal y los impuestos son ajenas a este tipo de modelos macro-económicos, pero demuestran la existencia de una gran pluralidad de menus o estrategias de política económica, a fin de poder contrarrestar la incidencia de estos factores tomados ahora como imponderables; 5) Ahorro y redistribución de la renta en un horizonte limitado analiza las incidencia de las políticas de rentas en los diversos estadios de desarrollo económico, rechazando el modelo (de población) perpetuamente joven por no tener en cuenta las inevitables desigualdades que genera a largo plazo; 6) El impacto de la redistribución de la renta y los impuestos comprueba el impacto de la política fiscal en estos procesos a largo plazo a fin de que no se perpetúen determinadas desigualdades sociales, habiendo un gran menú de posibilidades para hacer frente a este tipo de factores habitualmente tomados como imponderables;

La segunda parte, Las imperfecciones del mercado financiero, analiza el posible impacto del modelo macro-económico en el consumo individual y en el nivel de riqueza alcanzado, tanto con anterioridad como con posterioridad al proceso de toma de decisiones, con la consiguiente necesidad de asumir riesgos y de hacer frente a determinadas consecuencias tomadas imponderables, a través de tres pasos; 7) Oportunidades de inversión y reparto del ahorro comprueba el carácter cada vez más imponderable de la incidencia del nivel de inversiones en la corrección de los desequilibrios de renta y de riqueza dado el carácter en sí mismo indivisible y cada vez más globalizado que les otorga el sistema económico, ya se trate de factores endógenos o exógenos; 8) Riesgo y mercado económico analiza diversos modelos de optimación en situaciones de incertidumbre en sí mismas imponderables, pero de consecuencias totalmente previsibles y controlables si se tiene en cuenta la totalidad del mercado; 9) El inasegurable efecto de las rentas comprueba su impacto imponderable tanto en el nivel ahorro como en el crecimiento económico y en la redistribución de los bienes de consumo, sin que haya fórmulas mágicas que garanticen un éxito completo a este respecto;

La tercera parte, Muchos bienes, vuelve a considerar el posible efecto retorno del comportamiento individual en el modelo macro-económico, una vez que se ha reconocido la efectiva incidencia de cada uno de estos factores en el conjunto del sistema; 10) Redistribución de la renta y poder económico comprueba la incidencia de la redistribución de rentas en el consumo y en la innovación tecnológica; 11) Bienes indivisibles y composición de la demanda analiza los procesos macro-económicos de homogeneización del consumo, reconociendo las diferencias insalvables existentes entre ricos y pobres, pero postulando a su vez un acortamiento micro-económico entre ellas, si de este modo se genera un abaratamiento de costes beneficioso para el dinamismo del propio mercado; 12) Preferencias jerarquizadas analiza el mantenimiento a largo plazo de los niveles de consumo entre ricos y pobres en aquellos ámbitos donde no sea posible un abaratamiento de costes a nivel micro-económico; 13) Dinámicas de interacción entre la demanda y los suministros analiza el impacto de la innovación tecnológica en el consumo individual a nivel micro-económico en razón de la renta disponible. Se comprueban así los mecanismos micro- y macro-económicos tan sofísticados e imponderables que condicionan la interacción existente entre la redistribución de la renta, las expectativas de riqueza a largo plazo y el propio progreso tecnológico, sin que haya una única formula de éxito.

Para concluir una reflexión crítica. Sin duda la monografía pone en evidencia los numerosos factores micro- y macro-económicos sí mismos imponderables que pueden incidir en la ulterior homogeneización de un modelo teórico, sin poder ya evitar la aparición de posibles errores contables tanto teóricos como prácticos. Se enfatiza así la incidencia de la redistribución de la renta en este tipo de procesos micro- y macro-económicos, aunque cabría preguntarse: ¿La imponderabilidad de los factores micro- y macro-económicos sólo sucede en el caso de la redistribución de la renta, o habría que extrapolar esta misma consideración a otros muchos factores macro- y micro-económicos que ahora tampoco se han tenido en cuenta? ¿Se puede esperar que las respectivas políticas económicas lograrán una efectiva homogenización de estos factores micro- y macro-económico en sí mismos imponderables, o más bien habría que reconocer que este doble tipo de errores en sí mismos imponderables son comunes a los que también se dan en numerosos cálculos matemáticos y lógicos, tanto respecto de la teoría como respecto de la práctica, sin que los factores micro- y macroeconómicos tengan que considerarse una excepción a este respecto? Precisamente el cálculo de probabilidades de Ramsey y Hempel trató de subsanar una posibilidad de este tipo, pero ahora esta posibilidad tampoco se analiza.

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