Archivo de la categoría: Filosofía de la naturaleza

Francisco Rodríguez Valls, Orígenes del hombre. La singularidad de lo humano. Biblioteca Nueva. Madrid, 2017. 208 páginas.

por José Domingo García Martínez.

El estudio antropológico de la génesis humana, en constante reelaboración, implica un acercamiento a las tesis clásicas y actuales que sitúen sobre los análisis de los orígenes del hombre una perspectiva específica que ayude a comprender y valorar hasta qué punto podamos saber qué es lo propiamente humano. El profesor Rodríguez Valls desarrolla su ensayo en diálogo con Darwin (El origen del hombre) y con los últimos hallazgos paleoantropológicos que nos van acercando, cada vez más, a una visión más amplia del ser humano. Para ello ofrece un análisis esquemático de la teoría de la evolución, ofreciendo una visión de los antecedentes biológicos de la misma y la explicación darwinista. Encontramos en el estudio un análisis biológico y cultural, un estudio sobre las emociones, además de los orígenes de la inteligencia humana ocupando un importante lugar un diálogo con la hermenéutica y la fenomenología contemporáneas.

“Las veces que se ha intentado describir la estructura humana independientemente de la experiencia ha acabado siendo demasiado estrecha y ha dejado fuera a muchos individuos que la historia ha ido incorporando a medida que la noción de humanidad se ha ampliado. Por ello no hay que construir especulativamente la humanidad sino aceptar lo humano tal y como aparece en su mostrarse empírico.”

El ensayo ofrece los antecedentes evolutivos del hombre y también esa parte única que caracteriza a lo humano y en la que se desarrolla la realización existencial como sujeto ético. La cuestión primordial se centra en conocer cómo es posible, desde el punto de vista evolutivo, “si la naturaleza viva manifiesta cierta tendencia hacia la aparición de la conciencia.”; es decir, comprender cómo sería posible la emergencia de la mente a partir de la materia. Las referencias básicas se exponen desde Bergson, según el cual  la mente está en el origen de la materia y del movimiento de la materia  dando lugar a la formación de estructuras que pueden soportar una mente racional y una ayuda a la mejora de las especies; y desde Tomas de Aquino en el que “la mente sería la culminación de la naturaleza que, en el ser humano, tendría la posibilidad de hacerse transparente a sí misma.”

El autor introduce el diálogo de las perspectivas naturalista – mecanicista de la realidad frente a una explicación finalista de la misma, asumiendo la importancia de señalar qué hace posible lo específicamente humano.

En el capítulo dedicado a los orígenes biológicos del hombre, el profesor Rodríguez Valls expone una síntesis de los homínidos más cercanos al homo sapiens desde el sahelanthropus tchadensis. Su visión nos ofrece la idea de que la conciencia surge cuando hay posibilidad de cultura: “En el momento en que existe transformación de la naturaleza con un propósito previo de acción sobre el medio podemos concebir que una conciencia está operando: se establece un diálogo entre ella y el mundo.” La cultura, explica el autor, es necesaria cuando una especie se mueve en ambientes cambiantes y cuando puede dotar a la realidad de nuevos contenidos, trascendiéndola.  No se trata de crear para conseguir determinados fines sino de la creación por la creación. Se trata de llevar a la realidad más allá de ella misma: “la técnica humana hace instrumentos para crear realidades nuevas. Consiste en efectuar el mundo interior.”

El ensayo tiende a afirmar la diferencia esencial entre lo animal y lo propiamente humano dando lugar al uso de la autoconciencia desde tres perspectivas: técnica, ética y lingüística, exponiendo una síntesis de los contenidos éticos llevados desde el ámbito privado al ámbito público y tomando posición la importancia de la libertad en el desarrollo de lo propio del hombre como sujeto libre. Lo más relevante de su aportación consiste en cómo transmite la importancia de que el ser humano se hace individuo a partir de la comunidad, y en ella debe hacerse individuo y formar su conciencia. Rescata entonces la necesidad del lenguaje como instrumento creador de vínculos entre el ser humano y sus semejantes: “Aunque el lenguaje nos haga humanos como especie, no nos hace humanos como individuos. El grupo es anterior al individuo y debe acoger dentro de él a los miembros más necesitados con todo el amor y medios de los que sea capaz.”

Se añade una pequeña síntesis de las emociones que ya encontramos en el anterior estudio del profesor: El sujeto emocional. En la misma se procede al análisis de la utilización de las emociones como forma de comportamiento y adaptación al medio que constituyen la intencionalidad del cuerpo y a la cual otorga una gran relevancia ya que según esa exégesis la racionalidad debe ayudar a poner orden a las pasiones, pero no suprimirlas: “La emoción  es la espontaneidad de la naturaleza del cuerpo vivo ante los requerimientos del medio.”

Dentro de lo que es propiamente humano, necesariamente, hay que dar paso a la búsqueda de la verdad, o más específicamente, a la búsqueda de sentido. En dicho enfoque se desarrolla un diálogo con el profesor J. Arana en el que se muestra la visión del hombre no como un “hecho” sino como “sentido”: “…entre lo físico y lo humano, creo que las relaciones deben establecerse no mediante un puente, como si conectara dos realidades separadas, sino como la superposición de dos estructuras que se requieren para existir pero que no pueden reducirse la una a la otra.”

Destaca en el estudio una excelente interpretación de la visión heideggeriana del Dasein y de la elección del propio destino como apertura y posibilidad de sentido, ya realizada en varias ocasiones en otros textos pero que aquí cobran una especial claridad en la forma de su comprensión y aplicación en lo humano. Por todo ello, se desarrolla con amplitud cuál debe ser el criterio básico en el uso de la conciencia como forjadora de valores a partir del correcto uso que el hombre pueda hacer de su propia libertad para descubrir y reencontrarse con su propia dignidad.

 

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Sobre la unidad de lo intelectual

Por Juan A. García González, Universidad de Málaga

Ficha técnica: POSADA, Jorge Mario, Sobre el logos como unificación matemática de la dual intelección racional en la persona humana, Cuadernos de “Anuario filosófico”, serie universitaria, nº 237, Universidad de Navarra, Pamplona 2011; 78 pp.

En este cuaderno del Anuario filosófico el autor, con su estilo característico, intenta esclarecer el significado en la filosofía poliana del término “logos”, sobre el contexto de su significado filosófico en general.

El logos es la unidad de lo intelectual; que en la identidad del ser originario es personal (el logos divino es persona), pero en el ser humano, carente de réplica, es una manifestación de la persona que da lugar a su naturaleza lógica.

La inserción del entendimiento en la naturaleza a través del organismo humano es la potencia intelectual, que se activa con una pluralidad de operaciones. Si cada una de ellas es, en cierto modo, integradora de sus antecedentes, y ante todo de los sensibles, su misma pluralidad plantea un problema de unificación que es el cometido más específico de la que llamamos ciencia lógica.

De todas estas temáticas que multiplican los sentidos del término “logos” trata el autor en el primer capítulo de esta obra.

Pero el problema de la unidad se acrecienta cuando intentamos integrar lo intelectual con lo físico; y entonces el problema de la lógica se agudiza. Porque siendo lo intelectual y lo físico tajantemente distintos, en cambio cabe conocer intelectualmente lo físico; y además cabe conocerlo en su realidad extralógica. El conocimiento intencional del mundo físico y el conocimiento racional de su realidad extramental, extraideal, son, por otro lado, compatibles; y la matemática precisamente es la parte de la ciencia lógica que se ocupa de reunirlos hipotéticamente. Éstos son los asuntos del segundo capítulo de este libro.

Que concluye (p. 72 ss) exacerbando la contraposición entre lo físico y lo lógico para retirar de la realidad extramental todo logos, ya que éste sólo se puede atribuir a los seres personales, que lo son precisamente por intelectuales.

Pero si el fin es poseído por la operación intelectual, que ha de ser ejercida por una persona, el sentido causal del fin, la causa final física, es el orden, que es extramental. Y si el universo está ordenado a su fin, no será lógico, pero sí enteramente compatible con lo lógico, inseparable de lo lógico e ininteligible sin lo lógico.

Por eso se le ha objetado al autor que aunque el orden cósmico es de suyo exclusivamente extraintelectual, y en esa medida extralógico, la realidad física depende y sólo puede existir si es inteligida de acuerdo con algún logos personal: por lo pronto el de su creador; y sólo puede ser aprovechada y mejorada por el ser humano también de acuerdo con algún logos: ante todo el logos matemático (Claudia Vanney: Studia poliana, Pamplona, 14, 2012, p. 190).

Es la discusión que suscita este interesante trabajo.

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Vanney, Claudia, Principios reales y conocimiento matemático. La propuesta epistemológica de Leonardo Polo, Colección filosófica, nº 202, Eunsa, Pamplona 2008; 386 pp.

por Juan A. García González

En 1996 Jorge Mario Posada publicó un libro titulado La física de causas de Leonardo Polo. Se trataba de un gran estudio sobre la interpretación poliana de la humana razón, que es capaz de encontrar las causas extramentales. Pero ese libro se centró nuclearmente en el primer momento de la razón, que es el concepto, y en las concausalidades que ocurren en los elementos y primeros movimientos del cosmos.

Ahora nos encontramos con este libro de Claudia Vanney, que recuerda mucho al de Jorge Mario Posada. Ciertamente, por estudiar el conocimiento humano del universo físico tal y como lo propone Leonardo Polo. También por la profundidad y precisión del estudio llevado a cabo. E incluso por la intención de enlazar la filosofía de la naturaleza y el pensamiento de Polo con los nuevos logros de la ciencia actual. Polo siempre ha pensado, en efecto, que su física de causas podía servir de soporte a las actuales ciencias de la naturaleza.

Precisamente nuestra actual ciencia está muy matematizada. Eso señala Heidegger, y precisamente como criterio diferenciador respecto de las antiguas ciencias griegas y medievales. Y es importante notarlo, porque este libro de Claudia Vanney remite concretamente el conocimiento de los principios que Polo propone al conocimiento matemático que el hombre consigue. En esto avanza un poco sobre el libro de Jorge Mario Posada. Las alusiones a las ciencias actuales son frecuentes en este libro, e interesantes.

El otro punto de avance es la consideración del juicio; y, temáticamente, de las concausalidades que ocurren en los seres vivos. A su vez, el tránsito del concepto al juicio consiste en la consideración de la analogía, cuya realidad física es la luz. Polo ha escrito poco sobre la luz física: algunas páginas del tomo cuarto del Curso de teoría del conocimiento. Por eso tiene más mérito este libro, que se atreve a estudiar, y con algún detenimiento, la realidad física de la luz. Lo esencial de ella es la comunicación formal; por eso sin luz es imposible la vida, y el conocimiento.

El libro está muy bien construido. Dedica un primer capítulo a enmarcar la física de causas de Leonardo Polo; dentro del contexto contemporáneo, y dentro de la filosofía de Polo. Y luego dos partes más a las fases conceptual y judicativa de la razón; como la fase argumentativa o fundante tiene más que ver con la metafísica, y con el ser, no es objeto de consideración de este libro. Después, cada parte es dividida en tres capítulos, que estudian respectivamente el tema del acto racional, la matemática correspondiente a su unificación con la otra línea prosecutiva de la inteligencia, y el tema del hábito que ese acto genera. Una estructura muy concorde con la epistemología poliana.

Se añaden cuadros y esquemas verdaderamente asombrosos: por indicar la complejidad de lo tratado (el universo no es lógico, sino físico), y por exhibir el dominio de la temática que la autora ha conseguido. Termina el libro con una amplia bibliografía.

Mi personal enhorabuena a la autora y a la editorial. La interpretación poliana del conocimiento racional humano es peculiar, muy propia de nuestro tiempo y muy compleja. Proceden estudios de esta clase que nos la hagan comprender cada vez más precisamente.

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Fidora, Alexander; Lutz-Bachmann, Mattias; Erfahrung und Beweis. Die Wissenschaften von der Natur im 13. und 14. Jahrhundert. Experience and Demostration. The Sciences of Naturein the 13th and 14th Centuries, Akademie, Berlin, 2007, 302 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Experiencia y demostración, analiza las aportaciones de la ciencia de la naturaleza del siglo XIII y XIV a la recepción y posterior desarrollo de la lógica de la experiencia aristotélica y de la ciencia helenística. Se trataría de un primer renacimiento cultural que anticipó los posteriores desarrollos del surgimiento de la ‘nueva Ciencia’, sin que en ningún caso sus aportaciones se puedan considerar superfluas. Se destaca a este respecto la importancia otorgada en esta época al redescubrimiento del papel decisivo desempeñado por la experiencia y las paradojas lógicas en la justificación de la propia ciencia aristotélica, llamando la atención sobre un extremo en el que anteriormente no se había reparado suficientemente, a saber: en estos casos la axiomática formal se puso al servicio de la posible corrección de los posibles errores y sinsentidos de tipo práctico que este tipo de cálculos a su vez podrían producir, proponiendo re-formulkaciones cada vez más adaptadas a su respectino campo de aplicación, tratando de eludir la posterior aparición de apriorismos y dogmatismos en sí mismos innecesarios. Aristóteles habría puesto así los fundamentos de un tipo de ciencia media experimental, que posteriormente sería desarrollada mediante el desarrollo de diversos métodos inductivos, psicológicos, biológicos, que a su vez llevaron a replantear la validez del método científico-natural sobre unos presupuestos de tipo aún más crítico, anticipando de algún modo la polémica sobre métodos de la ciencia experimental moderna.

Para alcanzar estas conclusiones la monografía se divide en cinco apartados. a) Presupuestos antiguos, Detel y Touminen analizan la articulación entre lógica y experiencia, y entre el uso teórico y práctico de los primeros principios, en Aristóteles; b) El principio de la discusión: Grosseteste y Bacon, Speer y Hackett analizan la búsqueda de una ciencia universal basada en la experiencia por parte de estos dos precursores del método experimental moderno; c) Alberto y la investigación de tipo natural en el siglo XIII, Spruit, Werner, Rossi, Köhler analizan la originalidad de sus propuestas epistemológicas, psicológicas, biológicas y de tipo axiomático; d) Experiencia y demostración: De Tomás a Scoto, Lutz-Bachmann, Hoffmann, Bidese, Fidora y Marrone, analizan el papel que la experiencia y la teoría de la demostración desempeña en su concepción de la física, especialmente en el comentario al IV Libro de la Física aristotélica, en las relaciones de subalternación existentes entre las ciencias y  en el papel otorgado a la inducción; e) Experiencia y ciencia en el siglo XIV, Leibold, Krieger, Trifogli, Sylla, analizan la aparición de los presupuestos de la ‘Nueva Ciencia’ en Ockham y Buridan, la articulación de experiencia y demostración en la teoría del ímpetus físico, en el principio de finalidad en Thomas Wylton, o en la astronomía y en los comentarios a los Segundos analíticos aristotélicos de Grosseteste y Burley.

Para concluir una reflexión crítica. La monografía enfatiza el papel de Aristóteles en el desarrollo de la ciencia natural medieval y moderna, mostrando la complejidad que tuvo la recepción de una forma de pensar ya entonces considerada como moderna, frente al modo de pensar meramente dialéctico de numerosos platonizantes. A este respecto la monografía sugiere la necesidad de una nueva reinterpretación del lugar desempeñado por la ciencia aristotélico-tomista en la llamada polémica de los métodos, ya sea en las indudables aportaciones de la ciencia medieval, como en los posteriores desarrollos de la ciencia moderna, localizando con gran precisión los momentos y lugares donde este proceso se habría llevado a cabo. Pero a la vez el propio título de la monografía parece sugerir una posible confrontación de la ciencia medieval con los desarrollos contemporáneos de la lógica axiomática y de la ‘Nueva Física’ cuántica y relativista, llevando a cabo una revisión de algunas propuestas aristotélicas todavía hoy día poco exploradas. Y en este sentido cabría preguntar: ¿Se puede tratar de establecer un puente de unión entre los planteamientos medievales y el despertar de la ciencia experimental moderna, o incluso contemporánea, sin tener en cuenta las posibles aportaciones de la tardía escolástica del renacimiento español e italiano? ¿Qué papel desempeñaría a este respecto la recepción de los Comentarios tomistas al De Coelo et Mundi aristotélico por parte de la escolástica tardía, precisamente por ser un lugar paradigmático donde la teoría de la demostración y de la experiencia se pusieron a prueba, con un alcance más propio de la ‘Nueva física’ contemporánea que de la ‘Nueva ciencia’ renacentista, como en alguna ocasión anterior he hecho notar? (cf. Ortiz de Landázuri, C.; ‘De Coelo et Mundo’ en Pedro de Ledesma y Francisco de Soto’. Génesis y limitaciones del problema cosmológico en la Escuela de Salamanca’, Murillo, I. (ed.); Las escuelas de Salamanca y el Pensamiento Iberoamericano: Teoría y Praxis, Cuadernos Salmantinos de Filosofía, XXX, Salamanca, 2003, 227-242 págs). Realmente se trata de una estación de tránsito en gran parte postergada, pero que parece necesario tener en cuenta si realmente se quiere devolver a la ciencia medieval el lugar que ha ocupado en el desarrollo de la ciencia moderna y contemporánea.

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Claudia E. Vanney, Principios reales y conocimiento matemático. La propuesta epistemológica de Leonardo Polo, Colección filosófica, nº 202, Eunsa, Pamplona 2008; 386 pp.

por Juan A. García González

En 1996 Jorge Mario Posada publicó un libro titulado La física de causas de Leonardo Polo. Se trataba de un gran estudio sobre la interpretación poliana de la humana razón, que es capaz de encontrar las causas extramentales. Pero ese libro se centró nuclearmente en el primer momento de la razón, que es el concepto, y en las concausalidades que ocurren en los elementos y primeros movimientos del cosmos.

Ahora nos encontramos con este libro de Claudia Vanney, que recuerda mucho al de Jorge Mario Posada. Ciertamente, por estudiar el conocimiento humano del universo físico tal y como lo propone Leonardo Polo. También por la profundidad y precisión del estudio llevado a cabo. E incluso por la intención de enlazar la filosofía de la naturaleza y el pensamiento de Polo con los nuevos logros de la ciencia actual. Polo siempre ha pensado, en efecto, que su física de causas podía servir de soporte a las actuales ciencias de la naturaleza.

Precisamente nuestra actual ciencia está muy matematizada. Eso señala Heidegger, y precisamente como criterio diferenciador respecto de las antiguas ciencias griegas y medievales. Y es importante notarlo, porque este libro de Claudia Vanney remite concretamente el conocimiento de los principios que Polo propone al conocimiento matemático que el hombre consigue. En esto avanza un poco sobre el libro de Jorge Mario Posada. Las alusiones a las ciencias actuales son frecuentes en este libro, e interesantes.

El otro punto de avance es la consideración del juicio; y, temáticamente, de las concausalidades que ocurren en los seres vivos. A su vez, el tránsito del concepto al juicio consiste en la consideración de la analogía, cuya realidad física es la luz. Polo ha escrito poco sobre la luz física: algunas páginas del tomo cuarto del Curso de teoría del conocimiento. Por eso tiene más mérito este libro, que se atreve a estudiar, y con algún detenimiento, la realidad física de la luz. Lo esencial de ella es la comunicación formal; por eso sin luz es imposible la vida, y el conocimiento.

El libro está muy bien construido. Dedica un primer capítulo a enmarcar la física de causas de Leonardo Polo; dentro del contexto contemporáneo, y dentro de la filosofía de Polo. Y luego dos partes más a las fases conceptual y judicativa de la razón; como la fase argumentativa o fundante tiene más que ver con la metafísica, y con el ser, no es objeto de consideración de este libro. Después, cada parte es dividida en tres capítulos, que estudian respectivamente el tema del acto racional, la matemática correspondiente a su unificación con la otra línea prosecutiva de la inteligencia, y el tema del hábito que ese acto genera. Una estructura muy concorde con la epistemología poliana.

Se añaden cuadros y esquemas verdaderamente asombrosos: por indicar la complejidad de lo tratado (el universo no es lógico, sino físico), y por exhibir el dominio de la temática que la autora ha conseguido. Termina el libro con una amplia bibliografía.

Mi personal enhorabuena a la autora y a la editorial. La interpretación poliana del conocimiento racional humano es peculiar, muy propia de nuestro tiempo y muy compleja. Proceden estudios de esta clase que nos la hagan comprender cada vez más precisamente.

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