Archivo de la categoría: Filosofía política

Reinalda, B., (edit.), The Ashgate Research Companion to Non-State Actors, Ashgate, Surrey (UK), Burlington (USA), 2011, 566 pp. ISBN: 9780755679066.

Por Juan J. Padial

La editorial Ashgate viene publicando una serie de Companions (guías o manuales) para investigadores en ciencias políticas y relaciones internacionales. Se trata de una labor encomiable al ofrecer en un solo volumen el estado de la cuestión de la investigación sobre un tema. Son volúmenes muy cuidados, tanto en su aspecto material, como en lo que se refiere al contenido, su articulación y la lista de autores. El destinatario de estos volúmenes es, evidentemente, el interesado por las ciencias sociales. Pero también el filósofo en general, pues según Hegel, la filosofía ha de comprehender su propio tiempo. Por esto, creo que este volumen posee un indudable valor para el interesado en filosofía social o filosofía de la cultura.

La historia de la sociedad civil ha sido la historia de unas iniciativas sociales que han podido interactuar con la misma tecnoestructura del sistema político-económico-mediático. Es así una historia de la libertad que se ha plasmado en gremios, sindicatos, asociaciones de vecinos, cooperativas, organizaciones de consumidores, sociedades académicas y culturales, grupos de presión, organizaciones deportivas, Thinks tanks, clubs sociales, grupos religiosos, asociaciones caritativas, asociaciones de voluntariado, etcétera. Y además, la globalización ha afectado a la sociedad civil en el modo de hacerla transnacional o global.

El volumen que reseñamos está dedicado a los actores no estatales tales como las organizaciones no gubernamentales (ONGs), las intergubernamentales (IGOs) y las corporaciones transnacionales. Se estructura en cinco partes. La primera es introductoria y tematiza el papel de los agentes no estatales en un mundo, heredero del moderno y del Tratado de Versalles, configurado estatalmente, pero que ha sufrido una tremenda y transcendental transformación. Las nuevas formas de sociedad civil han alcanzado unas dimensiones y un poder semejante al de los modernos estados. Piénsese al respecto en la Organización Mundial de la Salud o en el Banco Mundial. Pero no sólo la sociedad civil. También las corporaciones han alcanzado una escala que modifica sustancialmente su papel en la escena internacional. Para ejemplos, quizá los más llamativos los ofrezca el valor de mercado de Apple o de Exxon. La primera alcanzó los 339 mil millones de dólares, la segunda un poco menos. El número de acciones emitidas también se cuenta por miles de millones. A poner de relieve estas transformaciones, y lo que han supuesto de novedoso en la escena internacional está dedicado el primero de los trabajos de este volumen; trabajo que firma el editor del volumen, Bob Reinalda. El resto de los trabajos de esta primera parte están dedicados a diferentes aspectos de la investigación sobre los actores no gubernamentales. Esta investigación se ha materializado en proyectos y publicaciones sobremanera importantes, y que corresponde al investigador de estos fenómenos conocer: desde el proyecto de las Naciones Unidas sobre la Historia Intelectual hasta el Anuario de Organizaciones Internacionales. A la dificultad propia de la investigación en un contexto que no viene definido por el marco estatal, se le dedica también una contribución.

La segunda parte es analítica y está dirigida a poner orden entre los diversos agentes no estatales. La exposición combina lo sincrónico con lo diacrónico, dado la relativa novedad histórica del fenómeno de la globalización. Así se dedican capítulos a los actores religiosos transnacionales, a las corporaciones también transnacionales, y al papel de las IGOs y sus representantes.

La tercera y cuarta parte constituyen el eje vertebral del libro. En ellas se intenta comprender el fenómeno, su alcance y repercusiones. Sobre la naturaleza de estos actores trata la tercera parte titulada “Percepciones y comprensiones”, sobre las repercusiones la cuarta titulada, quizá desatinadamente, “Naturaleza e impacto”. Al lector interesado en los aspectos filosóficos le interesará particularmente la tercera parte. No sólo por el acercamiento a la cuestión desde la ética y la filosofía política, sino también por la dilucidación de las nociones básicas en juego: sociedad civil y ONG, y por el estudio acerca de los límites de estas esferas definitorias del mundo en que vivimos. A la constitución y dinámica de los actores no estatales se dedica la cuarta parte, mientras que la quinta y última conecta con la segunda e insiste en el análisis de los mundos de la ayuda humanitaria, de la extensión de los derechos humanos, de la seguridad global, de la ayuda al desarrollo, de la salud, del comercio y del medio ambiente a escala global.

En los actores no estatales se manifiesta una vitalidad naciente, pujante, y en muchos casos no degradada, que sabe de sí, y que frecuentemente no defiende intereses meramente privados (ONGs), sino que intenta extender la libertad, y la autoconciencia humana (ONGs e IGOs). Por ello, estos novedosos actores han tomado el protagonismo en la historia universal, tal y como la entendió Hegel, por ejemplo. Urge repensar el papel co-protagonista de la historia política que corresponde a las ONGs. Por su parte, las IGOs han modificado sustancialmente el papel de los Estados en la historia. En las ONGs, que no retroceden ante la muerte, ni ante la pobreza, ni ante los pocos recursos, aparece una alternativa a los cálculos y la racionalización como principio eficiente de las sociedades modernas. O mejor aparecen como no disociados el principio formal y el principio eficiente de la sociedad moderna: la libertad subjetiva, la dignidad, el valor moral de cada quien de un lado, y la solidaridad, la fraternidad, y no la mera racionalización de otro. Aparece una configuración de la sociedad civil que no se satisface con el consumo ni con la mera afirmación hedonista los derechos privados, sino que no está dispuesta a dejar caer en la abyección al pobre. Aparece así una conciencia absoluta, la de cada hombre, que encuentra a su alrededor lo absoluto.

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AVEMPACE: Carta del adiós y otros tratados filosóficos. Edición y traducción de Joaquín Lomba. Colección Al-Andalus: textos y estudios. Trotta, Madrid 2006; 141 pp.

Juan A. García González

La presente traducción incluye cinco obras de Avempace; además de la Carta del adiós, dos tratados (Sobre el intelecto agente y De la unión del intelecto con el hombre) y dos breves escritos: Sobre el fin del hombre, y Sobre la felicidad política y la de la otra vida; de manera que ya no sólo tenemos El régimen del solitario, y el opúsculo Sobre la generación y la corrupción para conocer el pensamiento de Avempace. Nos congratulamos por ello; como, en general, por esta colección Al-Andalus, que dirige Andrés Martínez Lorca, en la que van apareciendo ya interesantes escritos de pensadores árabes de la edad media.

La edición de Joaquín Lomba es aplicada, pues, después de una introducción general, presenta cada uno de los escritos ubicándolos históricamente con precisión, e incorpora las variantes que han tenido en otras ediciones y traducciones. Aclara los textos, además, con abundantes y muy rigurosas anotaciones al pie.

La recuperación de textos como éstos nos recuerda el valor y alcance de la tradición, principalmente aristotélica, sobre la que Avempace formula sus disertaciones. Esa tradición ha forjado unos conceptos sólidos con los que entender la experiencia humana del mundo: los entes intracósmicos, las transformaciones entre ellos, su generación y corrupción; junto con ellos, los seres humanos, capaces de conocer, de elevarse a la verdad de las cosas, de llevar una vida moral, y alcanzar la felicidad, principalmente por el conocimiento de la causa primera de toda realidad; como lo dice Avempace la mayor desgracia es estar alejado de Dios, mientras que la mayor felicidad es estar cerca de él (p. 49).

Frente a esto, nuestra época es época de crisis del saber, de pérdida de la unidad de esa tradición que nos ha llevado a donde estamos. Por eso hoy, quizá, no terminamos de hacernos con los planteamientos de Avempace, o su comprensión requiere de una previa formación no al alcance de cualquiera. Reponer la filosofía a su altura histórica es, pues, el digno cometido, al que ayudan estas publicaciones.

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Antxustegi Igartua, Esteban, El debate nacionalista. Sabino Arana y sus herederos, Universidad de Murcia, Servicios de Publicaciones. (Murcia – 2007), primera edición

Jaume Grau Pitarch

Ensayo muy interesante y desarrollado correctamente en primera persona del singular, sin caer nunca en el frío alejamiento producido por el uso de la primera persona del plural, y no mención, que si la hace de vez en cuando en el libro. Me llamó mucho la atención el título del libro mientras lo ojeaba en la librería, sosteniéndolo en la mano. Me hizo pensar que hablaría de los últimos tiempos del nacionalismo vasco dentro del reino de España. Sería por la segunda parte del título, “[…] Sabino Arana y sus herederos”, pues lo de ‘sus herederos’ más parecía retrotraerme a los tiempos de Xabier Arzaius, José Antonio Ardanza, Carlos Garaikoetxea y Juan José Ibarretxe, que a los tiempos del mismísimo Sabino Arana y sus compañeros de partido, como podían ser Ramón de la Sota, Ángel de Zabala, Luís de Arana, Luís de Eleizalde y Eduardo Landeta. Y menos aún esperaba encontrarme personajes como el ‘santísimo vasco’ Ignacio ‘Iñigo’ de Loyola entre las personas tratados en este ensayo. El libro utiliza un estilo muy correcto dentro de lo que sería un ensayo sobre política nacionalista y con unos capítulos contruidos y organizados de una manera muy clara. Una organización casi perfecta y muy concisa, en un lenguaje muy poco formal. Lo que no podemos negar es que este ensayo está escrito con una teleología muy precisa y original, invitándonos el autor a llegar a donde quiere que lleguemos sin ningún disimulo.

Esto sí, el ensayo de Esteban Antxustegi sigue el discurso de un buen profesor especializado en filosofía moral y política, sobre todo en nacionalismo vasco y sus relaciones y sus génesis. Nos plantea a través del libro un camino de correspondencias hablándonos primero del nacionalismo y sus antecedentes, como el carlismo y la guerra de Cuba contra los estadounidenses. Luego en los capítulos tercero, cuarto y quinto nos explicita las evoluciones de Sabino de Arana a lo largo del tiempo, pasando desde la doctrina bilbaísta más extremista y radical, hasta su nuevo proyecto más reformador y mucho menos violento y duro. Y por fin en sus últimos capítulos del libro nos habla ya de la herencia intelectual y política de Sabino de Arana, que se refleja en el autonomismo del Partido Nacionalista Vasco y su evolución hasta los años anteriores a la segunda republica española. Un ensayo dirigido a los que quieren entender en parte los problemas del nacionalismo vasco actual dentro de las corrientes estatutarias que viven en España.

Un trabajo muy bien llevado, en que el autor ha tenido que evaluar muchas ideas y sentimientos para no caer en lo fácil, ni en lo sentimental. Es un ensayo para poder ver con simplicidad la evolución del nacionalismo y el camino que seguirá en Euskadi esta línea de trabajo. Un libro interesante de leer y que lo recomiendo a todos aquellos que hablan del nacionalismo vasco y del terrorismo de ETA con facilidad y sentando sentencia.

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Böckenförde, Ernst-Wolfgang; Recht, Staat, Freiheit. Erweiterte Ausgabe, Suhrkamp, Frankfurt, 1991 (1ª), 2007 (2ª), 425 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Derecho, Estado, libertad, legitima los diversos procedimientos de elaboración de normas del Estado de derecho liberal para lograr a su vez una efectiva protección de la inviolabilidad de la dignidad humana. A este respecto Ernst-Wolfgang Böckenförde, primero en 1991 y ahora en el 2006, ha hecho notar la legitimidad del constitucionalismo jurídico para dotar al Estado de derecho y a las distintas instituciones sociales de unas normas regulativas, que en última instancia se remiten al valor inviolable atribuido a la dignidad humana, aunque con una novedad: el Estado de derecho habría experimentado diversas transformaciones desde las primeras formulaciones revolucionarias hasta la posterior proclamación del Estado liberal constitucional o del más reciente Estado social democrático. En estos casos la inviolabilidad de la dignidad humana ya no se justifica en virtud de  una ley natural, o de cualquier otro fundamento metafísico anterior, sino en virtud de la jerarquía de valores existente en la vida social.

En efecto, la filosofía del derecho, la teoría del estado y la propia historia constitucional daría un paso más respecto de la Ilustración, a saber: situar la historicidad de las instituciones sociales más allá de un derecho natural de tipo arcaico, o de un positivismo jurídico meramente convencional, localizando un nuevo fundamento próximo al que remitirse y sobreentendido en los otros dos, siguiendo a Max Scheler, a saber: un orden de valores de tipo irracional, emotivo o simplemente intuitivo, al que sin embargo el derecho constitucional otorgaría un carácter cada vez más reflexivo, procedimental y compartido, mediante unos procedimientos adecuados de legitimación de normas, alcanzando así una adecuada articulación entre el derecho y la libertad. Se daría así lugar a un nuevo tipo de positivismo sociológico de justificación débil y vacilante, pero compatible a su vez con la reafirmación del valor inviolable e imprescriptible de la dignidad humana. Se concibe así la inviolabilidad de la dignidad humana como el valor supremo que a su vez permite legitimar el carácter constitucional del Estado de derecho, así como el resto de los valores y el conjunto de las instituciones, sin tampoco negarle la historicidad que le es propia. Pero una vez justificado este propósito general en una primera parte, ahora también se justifican otras tres tesis:

a)  El Estado de derecho se concibe como un nuevo sujeto ético y político autónomo, surgido como resultado de un proceso de secularización, al que se otorga una capacidad de crear derechos y obligaciones, así como de regular sus propias transformaciones. Al menos así sucedió con el paso del inicial Estado liberal republicano al actual Estado social democrático, manteniendo una clara diferenciación entre el Estado y la sociedad, al modo descrito por Lorenz von Stein;

b) La constitución como elemento clave que a su vez permite justificar el paso de la concepción organicista del Estado, regido a su vez por simple leyes naturales preconstitucionales, a los distintos modelos posteriores de Estado de derecho, a saber: los modelos monárquicos del siglo XIX, el modelo constitucionalista de la República de Weimar, el modelo político de Estado de derecho, al menos según Carl Schmitts o Gerhard Anschütz, precedente a su vez del actual modelo social democrático. En ambos casos se comprueba el papel desempeñado por la política en el desarrollo del derecho constitucional, especialmente en su papel regulador del resto de las instituciones sociales, con un solo requisito: subordinarse a los procedimientos de legitimación constitucional, a fin de salvaguardar en todos los casos la inviolabilidad de la dignidad del hombre;

c) La inviolabilidad de la dignidad del hombre como valor supremo expresado en el artículo 1, 1 de la constitución alemana, que también ha experimentado cambios en los comentarios de que posteriormente ha sido objeto, ya sea por los nuevos problemas planteados por la genética, o por la necesidad de superar la mentalidad postbélica en la que se redactó la Constitución de 1945, como hicieron notar Udo di Fabio o Mattias Herdegen. Evidentemente en estos últimos años se ha vuelto muy polémico el alcance otorgado a este principio constitucional básico de la dignidad del hombre, ya sea por motivos jurídicos o bioéticos, aunque ahora le sigue otorgando un carácter igualmente inviolable. Si ahora se le sigue otorgando un  valor clave es por su capacidad de regulación del resto de las instituciones, sin que tampoco sea posible encontrarle un sustituto adecuado. Es más, se podría decir que su cuestionamiento obliga a reafirmarlo con aún más fuerza, en la medida que se hace aún más necesario.

Para concluir una reflexión crítica. Sin duda el derecho constitucional alcanzó una forma de fundamentación más sistemática, como autorregulador del conjunto de las instituciones,  situándose en un lugar arquimédico más allá del positivismo jurídico y del derecho natural, aunque sin tampoco evita el tener que enfrentarse con otro tipo de problemas. Y a este respecto cabe preguntarse: Sin embargo vuelve a ser aquí donde surge el contrapunto crítico: ¿Hasta que punto el carácter inviolable de la dignidad humana permitiría superar la crisis de legitimidad originada en la postmodernidad, o sería necesario localizar una forma de legitimación aún más básica, que a su vez permitiera reforzar y diversificar el uso dado a todas las demás? ¿La irrupción de la postmodernidad no habría comenzado precisamente por el cuestionamiento del carácter inviolable tradicionalmente atribuido a la dignidad humana, dando lugar a una crisis de valores aún más generalizada, precisamente por carecer de un tipo de fundamentación metafísica o iusnaturalista aún más firme? Finalmente, ¿si el reconocimiento de la dignidad del hombre ahora se concibe como el inicio de una refundación aún más definitiva del carácter inviolable e imprescriptible del derecho constitucional, no debería también llevarse a cabo una revaloración del sentido y alcance de todas las instituciones, para que de este modo salgan efectivamente reforzadas de la crisis?

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Brenkman, J.; The cultural contradictions of democracy. Political thought since September 11, Princeton University, Princeton (NJ), 2007, 225 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

John Brenkman en 2007, en Las contradicciones culturales de la democracia. El pensamiento político, después del 11 de Septiembre, ha hecho depender la comisión de este tipo de atentados terroristas de las numerosas debilidades internas que hoy día siguen adoleciendo las democracias liberales. En su opinión, el periodismo económico debería mostrar como tanto el crimen organizado como el terrorismo internacional comparten la persecución de un segundo objetivo más importante. Provocar un larvado estado de guerra, que a la larga provocaría un progresivo deterioro de las instituciones democráticas, incrementando aún más las numerosas contradicciones culturales de las que adolecen las democracias occidentales. En efecto, inicialmente el periodismo económico trató de justificar la inicial declaración de guerra contra el terrorismo internacional (el eje del mal), así como la posterior invasión de Afganistán o el inicio de una guerra preventiva contra Irak, como una de las muchas luchas emprendidas por la democracia contra la tiranía y como un procedimiento para lograr su efectiva expansión a los países islámicos. Sin embargo esto se consiguió a costa de provocar una situación larvada de guerra, que al final habría acabado minando el normal funcionamiento de las instituciones democráticas. A este respecto al periodismo económico, después del 11-S, solo le caben  tres formas posibles de enfrentarse al terrorismo internacional:

a) La “realpolitic” o pragmatismo político que se propone erradicar el terrorismo internacional mediante una guerra preventiva contra el eje del mal basada en el mero recurso a la fuerza militar (Marte), aunque para ello hubiera que manipular si fuera necesario los medios de comunicación., al modo como ya hicieron Nixon, Kissinger o Busch, recurriendo a su vez a Hobbes, Weber o Carl Schmitt;

b) La política ideal o utópica, que se propone erradicar el terrorismo mediante la toma de futuros acuerdos y consensos por parte del poder político teniendo en cuenta la información aportada por todas las partes implicadas, a pesar de la evidente debilidad inicial (Venus) que pudiera provocar esta actitud inicial, al modo como ya antes propusieron Kant, Hanna Arendt o Jürgen Habermas;

c) Una política cosmopolita que reconoce como cualquier intento de erradicación del terrorismo internacional puede generar numerosas contradicciones culturales en la prensa económica o en el propio imaginario colectivo o popular (public realm): o bien se comparte la (falsa) ilusión de los neo-con (neoconservadores) de poder extender la democracia por esta vía a posibles nuevos terceros países, para conseguir así una democracia global; o bien se comparten las denuncias de los utópicos antisistema contra la falsa manipulación del terrorismo internacional por parte del periodismo económico para justificar así la guerra preventiva de Irak.

En cualquier caso Brenkman considera que la prensa económica debe seguir aspirando al logro de una democracia global, donde se logre una progresiva erradicación de estas nuevas formas de terrorismo internacional. En su opinión, la democracia en estado de guerra posterior al 11-S ha tenido la oportunidad de comprobar la aparición de profundas contradicciones culturales que a su vez han incrementado hasta niveles desconocidos las limitaciones habituales de tipo económico e informativo de una democracia en situaciones normales, provocando a su vez una crisis de la república de proporciones desconocidas. Sin embargo opina que una fragilidad y debilidad semejante nunca debe ser una excusa para renunciar a la posibilidad de implantar aquellos ideales, como ya habría ocurrido con la democracia griega o en la propia democracia americana, al menos según Arendt o aún antes Max Weber. En este sentido la prensa económica debería seguir manteniendo este tipo de aspiraciones en el imaginario colectivo (public realm) acerca del poder político, a pesar de las evidentes limitaciones prácticas que siempre tendrán sus realizaciones concretas. Ya entonces se comprobó que la salvación de estas crisis de la república requiere mantener una permanente denuncia de los dos mayores males que a su vez pueden afectar a la opinión pública: el fingimiento y la violencia. Precisamente los dos enemigos utilizados por el terrorismo internacional para acabar produciendo la progresiva paralización y desnaturalización de las instituciones democráticas, como en su opinión habría acabado sucediendo durante los años de mandato de la administración Bush.

Para justificar este actual deterioro de la democracia americana se sigue un hilo argumental muy preciso: a) Se recurre a la ética de la responsabilidad (Max Weber) frecuentemente usada por los políticos “neo-con” (neoconservadores) para justificar la respuesta dada al ataque terrorista del 11-S, o la posibilidad de una guerra preventiva ante un futuro riesgo bélico inminente; b) Se recurre a la teoría del “estado de excepción” de Carl Schmitt y Agambe para justificar la suspensión del ejercicio de determinados derechos civiles, así como para justificar la apertura de las cárceles de Abu Ghraib y Guantámano; c) Se describen algunas respuestas dadas desde la izquierda a la respuesta militarista de la Administración Bush, como sucedió con el absolutismo moral de Chomski o el lirismo profético de Hardt y Negri; d) Se describe la controversia sobre el posible modo de denunciar o justificar la invasión de Irak, ya sea en virtud de un idealismo de los fines (Berman) o de los medios (Habermas); o del recurso que el neoconservador Glennon y del neomarxista Anderson hicieron para justificar el recurso a una misma ley internacional, aunque dándole en cada caso un sentido hobbesiano o kantiano muy distinto; e) Se describe la defensa conservadora de la guerra de Irak como una lucha contra la tiranía, mientras que desde la izquierda Habermas la condenó en nombre de un cosmopolitismo postnacional y de una democracia  global (Kegan). Sin embargo esta misma defensa se podría haber formulado en nombre de un conservantismo aún más global (Mead) o de un Imperio de los derechos, como ahora se defiende; f) Finalmente, se denuncia a la Administración americana por no haber formulado un diagnóstico solvente de lo que la se jugaba en la guerra de Irak, ya se justificara en nombre de la idea de autogobierno de Arend o de la noción de libertad negativa de Berlín.

Para concluir una reflexión crítica que a su vez permitirá prolongar este tipo de análisis. Brenkman no adopta una actitud autocomplaciente ante los posibles peligros y amenazas que se pueden derivar del indudable deterioro que supuso el ataque terrorista del 11-S para las instituciones democráticas en su conjunto. Sin embargo ahora también se muestra confiado en que la acción coordinada de las instituciones del libre mercado y de los medios de comunicación logrará una efectiva entronización del “imperio del derecho”, como ahora se propugna. Sólo así se podrá ejercer un efectivo control sobre las múltiples formas de fingimiento y de violencia de las que se sirve el terrorismo internacional para radicalizar las indudables contradicciones culturales que a su vez se generan en una sociedad democrática. A este respecto ahora se resalta un claro diagnóstico de la situación, aunque casi nunca se propone una posible estrategia desactivadora de este tipo de contradicciones culturales de tipo global. Y a este respecto cabe preguntarse: ¿Podría proponerse el periodismo económico como una estrategia global capaz de desenmascarar el mal uso que los diversos agentes sociales, incluido el terrorismo internacional, pueden hacer de las contradicciones culturales de la sociedad democrática?

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Krueger, A. B.; What Makes a Terrorist. Economics and the Roots of Terrorism, Princeton University, Princeton, 2007, 180 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Alan B. Krueger en 2007, en ¿Qué hace posible a un terrorista?, ha analizado los posibles factores económicos, comunicativos, sociales y políticos que hicieron posible la comisión de los atentados del 11-S de Nueva York, del 11-M de Madrid y del 7-J de Londres. En su opinión, habría que ver detrás de estos atentados las profundas contradicciones culturales que la prepotencia de la sociedad del bienestar genera en el interior y en el exterior de sus fronteras, sin atribuirlos a una mera reacción desproporcionada ante la pobreza y las injusticias existentes en el mundo por parte de los desheredados. A este respecto se recomienda al periodismo económico una estrategia a seguir para desmitificar el fenómeno terrorista, sin atribuirle una áurea justificativa totalmente inmerecida: comprobar como la mayoría de los terroristas suicidas proceden de las clases educadas y acomodadas de los respectivos grupos sociales, sin atribuir su comportamiento a una simple reacción psicológica frente a las injusticias experimentadas. De ahí que ahora se denuncie el parasitismo económico e informativo practicado por el terrorismo internacional, de modo similar al ejercido por delincuencia organizada. De igual modo que para su erradicación se deben usar procedimientos similares a los utilizados en otras formas de delincuencia, sin poderse hacerse ilusiones a este respecto. Se defienden así tres tesis referidas al periodismo económico:

1.- El periodismo económico debería reconstruir el retrato robot de numerosos terroristas suicidas, comprobando que ni proceden de los países verdaderamente más pobres, ni necesariamente de aquellos grupos étnicos que mantienen una lucha por la defensa de sus derechos civiles. En su gran mayoría pertenecen a una clase media acomodada en sus respectivos países de origen, habiendo sido educados en un medio social muy nacionalista, virulento y propenso a incentivar este tipo de acciones.

2.- El periodismo económico debería analizar las naciones de procedencia de los insurgentes capturados durante la guerra de Irak. Se comprobaría así que la insurgencia se movió más por motivaciones de tipo religioso, que por factores estrictamente económicos o políticos, con un doble objetivo: desestabilizar los grupos religiosos de sus respectivos países de procedencia y alcanzar el consiguiente impacto en la opinión pública nacional e internacional.

3.- El periodismo económico debería hacer notar al creciente parasitismo económico e informativo que sistemáticamente practica el terrorismo internacional, al igual que cualquier otra forma de delincuencia organizada. Se describen así las numerosas trampas con las que se puede encontrar la lucha antiterrorista, por no advertir la creciente escalada de violencia de consecuencias económicas, psicológicas y políticas imprevisibles, que deliberadamente se intenta provocar. De ahí que ahora se propongan seguir las mismas estrategias de desactivación a las usadas para erradicar el crimen organizado, especialmente dos: aumentar la implementación de fondos económicos para el respectivo Centro Nacional Contraterrorista y la creación de una gran base de datos trasnacional.

Para concluir una observación crítica, que a su vez permitirá prolongar este tipo de análisis. Ahora se insiste en el carácter específicamente religioso de la insurgencia, pero a su vez se propone desactivarla mediante medidas de tipo policial y contraterrorista, similares a las utilizadas para erradicar otras formas de delincuencia organizada. Y a este respecto cabe cuestionar. ¿La asunción por parte de grupos inicialmente religiosos de un comportamiento similar al de numerosas organizaciones criminales no podría haber venido propiciada por las numerosas contradicciones culturales generadas a su vez por los distintos procesos de globalización económica?

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Schatsschneider, Karl Albrecht; Freiheit, Recht, Staat. Eine aufsatzsammlung zum 65. Geburtstag; Siebold, D. I.; Emmerich-Fritsche, A. (Hrsg.); Duncker & Humblot, Berlin, 2005, 725 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Libertad, Derecho, Estado recoge reúne algunos escritos de Karl Albrecht Schatsschneider entre 1993 y 2005 referidos a los profundos cambios legislativos ocurridos en el ámbito alemán, europeo y mundial respecto a cinco problemas básicos, a saber: la justificación ética de las libertades y de derechos civiles más fundamentales, los fundamentos jurídicos del republicanismo en de una sociedad democrática, las exigencias de la justicia social en el mercado libre del trabajo, la regulación de estos principios en el futuro derecho constitucional europeo y el actual déficit democrático y social de los procesos de globalización económica y política. En todos los casos se abordan estos problemas desde una dogmática jurídica que trata de compatibilizar la ética kantiana de las convicciones republicanas con la ciencia weberiana de la responsabilidades sociales democráticas desde un “irreductible” monismo, que trata de basar la legislación nacional, europea e internacional sobre un mismo tipo de principios republicanos. Este tipo de propuestas se formulan en dialogo con las corrientes filosóficas y jurídicas más diversas, con un ánimo conciliador realmente ejemplar, en un momento histórico decisivo en que el que el proyecto de la futura constitución europea se encuentra en gran parte paralizado después del referéndum francés y holandés al respecto. Y a este respecto cabe preguntarse: ¿Realmente los problemas que actualmente aquejan al constitucionalismo europeo se deben a un exceso de optimismo legislativo por parte de este “irreductible monismo” o simplemente a que se ha puesto a votar una “mala constitución”, si es que realmente merece tal nombre? Probablemente Schatsschneider sería el primer sorprendido en plantear el debate constitucional europeo en términos tan peregrinos, pero sin duda sus propuestas contribuirán a encauzar el debate constitucional europeo con unas mayores dosis de racionalidad.

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Shapiro, Ian ; Containment. Rebuilding a Strategy Against Global Terror, Princeton University, Princeton (NJ), 2007, 192 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Ian Shapiro en 3007, en Contención. Reconstruir una estrategia contra el terror global, ha analizado las graves secuelas provocadas por los ataques terroristas del 11-S en las instituciones democráticas, incluidos los medios de comunicación y la propia economía. En efecto, la declaración de una guerra contra el terrorismo internacional  por parte de la Administración Bush habría traído consigo la posterior intervención militar en Afganistan, la unilateral guerra preventiva en Irak y el consiguiente empantanamiento en una guerra civil con intervención de fuerzas internacionales sin fecha de caducidad. Sin embargo ahora también se comprueba como aquella primera reacción tuvo otras consecuencias indirectas para el normal desenvolvimiento de las instituciones democráticas estadounidenses, a saber: a) una situación de guerra larvada que paralizó virtualmente el control democrático sobre el ejecutivo habitualmente ejercido por la oposición; b) la declaración encubierta de “estado de excepción” respecto a la protección de determinados derechos civiles en casos de terrorismo, como al menos ocurrió en Abu Graib, Guantánamo o la posibilidad de confiscar el contenido de determinados e-mails sin necesidad de mandato judicial;  c) la entrada en una economía de guerra fomentando un recurso desproporcionado al uso de la fuerza militar y a un gasto militar desproporcionado, a costa no atender otras partidas habituales en condiciones de normalidad. La Administración Bush habría hecho oídos sordos a las múltiples señales que le envió la prensa económica, al modo como ya antes también ocurrió en Vietnam.

En una situación tan problemática ahora se recomienda al periodismo económico ejercer una función de prudente contención capaz de llevar a cabo una recuperación económica del Medio Oriente similar a la pilotada por Estados Unidos respecto Europa al final de la segunda guerra mundial, con un triple objetivo, a saber: a) Saneamiento del déficit público y fortalecimiento de las instituciones democráticas en el orden interno, especialmente en el ámbito de aquellos derechos civiles y de libertad de prensa que habrían salido más perjudicados; b) Refundación del orden internacional y sus instituciones sobre unas bases económicas más sólidas, sin necesidad de que Estados Unidos ejerza un papel hegemónico único; c) Plan especial de recuperación económica para Irak y de todo el Oriente Medio, una vez que se hayan logrado terminar con la intervención militar americana y del resto de las potencias extranjeras.

Para justificar estas conclusiones se defienden siete tesis:

Para concluir una reflexión crítica. Ian Shapiro propone un final feliz para el conflicto de Irak mediante el ejercicio de una prudente contención que, como también ocurrió al final de la segunda guerra mundial con Europa, preferentemente ahora se confía a la prensa económica. De todos modos, dada la sensación de impunidad total con que se produjeron los atentados del 11-S, hoy día se ven con escepticismo estas formas de añoranza respecto de un pasado mejor, sino se deja de contestar un problema previo, a saber: ¿De qué modo habría que rediseñar los límites extraterritoriales de tipo económico, informativo y meramente bélico, a fin de que no se vuelvan a repetir aquellos tristemente célebres atentados terroristas?

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Vattimo, Gianni; Nihilism and Emancipation. Ethics, Politics and Law, Columbia University, New York, 2004, 197 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Nihilismo y emancipación localiza la contradicción cultural más básica con la que se enfrentan hoy día la totalidad de las instituciones ilustradas, sin poder evitar la aparición de una crisis cultural de proporciones desconocidas hasta el momento presente, como ahora también apostilla en el prologo Richard Rorty. En efecto, según Gianni Vattimo, la postmodernidad ya no puede seguir aspirando a un tipo de emancipación secularizada, que mantiene la validez de las metas liberadoras cristianas, legitimándolas en virtud de una ley natural históricamente inexistente, o de unos procedimientos de toma de decisiones meramente convencionales, que se han demostrado incapaces de asumir los retos inaplazables del momento presente. No se apreció la mediación que en estos casos ejerce el procedimiento del consenso o acuerdos simplemente fácticos, al modo espontáneo y vital propuesto por Nietzsche, dando lugar a un proceso de permanente readaptación de las normas sociales al correspondiente contexto multicultural, sin poderse hacer ya ilusiones sobre el posible logro de unos ideales regulativos últimos de imposible realización práctica. Para justificar estas conclusiones se dan tres pasos:

a) Ética analiza los procesos normativos de emancipación o secularización nihilista respecto del logro de la paz, la libertad o la conducción del propio destino, incluido el dolor o el sufrimiento, como un signo trágico de la autoafirmación de sí, en un contexto de total ausencia de transcendencia, al modo de Nietzsche o Proust.

b) Política justifica la democracia comunitarista en un contexto nihilista de izquierdas, pluralista, multicultural, atomizado y conflictivo, basado a su vez en la elaboración de meros acuerdos fácticos, al modo de Kojéve o Hanna Arendt, o del modelo de la Unión Europea, sin remitirse ya a un ideal del consenso final, al modo de Habermas y Apel.

c) La ley justifica la ausencia total de referentes metafísicos de los acuerdos meramente fácticos de la justicia legal en nombre del nihilismo hermeneútico o interpretativo del último Heidegger, sin reconocer tampoco la función “reeducadora” de la justicia penal (Foucault), o de los presupuestos previos incondicionados de Habermas y Apel.

Para concluir una reflexión crítica. ¿Hasta que punto las posibles sucesivas readaptaciones alcanzadas a través del procedimiento de este tipo de consensos fácticos logran desligarse de la historia conceptual ilustrada, o por el contrario la refuerzan aún más, aunque se diga lo contrario? ¿Hasta que punto el consenso fáctico, aunque no sea un consenso racional, exige remitirse a unos presupuestos previos en sí mismos imprescriptibles e inviolables, como es la propia dignidad de la naturaleza humana, aunque sólo sea para poder transgredirlos?

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Volz, Markus; Extraterritoriale Terrorismusbekämpfung, Duncker & Humblot, Berlin, 2007, 453 pp.

Carlos Ortiz de Landázuri

Markus Volz en 2007, en La lucha extraterritorial terrorista, ha analizado el tipo de control global que el periodismo económico debería ejercer sobre los límites extraterritoriales a fin de que no se vuelva a producir un atentado como el del 11-S.  En su opinión, las distintas formas de terrorismo internacional, al igual que sucede con el crimen organizado, requiere un control policial específico, al que en ningún caso puede ser insensible la opinión pública en general y el periodismo económico en especial. En este sentido los atentados de las Torres Gemelas supusieron una transgresión en toda regla de dos acuerdos básicos del derecho de los pueblos o de gentes, a saber: a) los acuerdos internacionales respecto de la trasmisión de datos relativos a los pasajeros de avión en viajes transfronterizos; b) la inculcación de los acuerdos de no proliferación de armas de destrucción masiva, en las que se acabaron convirtiendo los propios aviones desde los que se llevaron a cabo aquellos atentados.  De ahí la necesidad de que la prensa económica mantenga un permanente control global sobre cualquier posible alteración de los límites extraterritoriales generados a su vez por los actuales procesos de globalización económica, no vaya a ser que terminen afectando a los niveles de seguridad vital, ya  sea en el ámbito nacional o internacional.

A este respecto ahora se analizan tres dimensiones de la noción de extraterritorialidad en el derecho de los pueblos, a saber: a) La extraterritorialidad como una noción tan básica como la de soberanía popular, ya que ambas desempeñan un triple papel fundamentador, regulador y jurisdiccional bastante similar, estableciéndose una interacción recíproca entre ellas; b) La extraterritorialidad como un criterio de demarcación de los diversos niveles de regulación de las legislaciones relativas a la trasmisión de datos de los potenciales pasajeros de los aviones comerciales, siendo un instrumento muy eficaz para evitar la comisión de un atentado por parte del terrorismo internacional; c) La extraterritorialidad como un criterio de exclusión respecto de aquellos países que no aceptan determinados acuerdos de no proliferación de bombas de destrucción masiva; es decir, con capacidad de desestabilizar a toda una región y de afectar a la seguridad nacional o internacional. De ahí que ahora se defienda la creación de una jurisdicción extraterritorial capaz de llenar el vacío legal específico existente sobre este tipo de atentados terroristas, mediante una extrapolación de diversos criterios jurídicos extraídos de las distintas legislaciones ordinarias. Finalmente, en la conclusión, se reconoce como la opinión pública debe seguir con atención los cambios producidos al regular los nuevos ámbitos de soberanía supranacional y de territorialidad  multilateral generados a su vez por los propios procesos de globalización económica, sin que en todos los casos ya sirvan los criterios clásicos de la soberanía nacional y de extraterritorialidad.

Para concluir una reflexión crítica. Volz utiliza la aparición del terrorismo internacional para exigir un mayor control sobre los criterios de extraterritorialidad por parte de la jurisprudencia y de la propia prensa económica, dado que la opinión pública lo exige. De todos modos el panorama que ahora se describe es enormemente complejo y, sin duda, acabará exigiendo una regulación aún más casuística y multilateral del problema de la extraterritorialidad. Y en este sentido cabría preguntarse: ¿No debería el periodismo económico, entre otras funciones, ejercer un control global sobre estas nuevas formas de regulación extraterritorial, a fin de alertar a la opinión pública de las posibles consecuencias indeseables que se pudieran derivar de los consiguientes procesos de globalización, ya sea a causa del terrorismo internacional o por otros motivos?

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