Archivo de la categoría: Teorías de la democracia

Brenkman, J.; The cultural contradictions of democracy. Political thought since September 11, Princeton University, Princeton (NJ), 2007, 225 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

John Brenkman en 2007, en Las contradicciones culturales de la democracia. El pensamiento político, después del 11 de Septiembre, ha hecho depender la comisión de este tipo de atentados terroristas de las numerosas debilidades internas que hoy día siguen adoleciendo las democracias liberales. En su opinión, el periodismo económico debería mostrar como tanto el crimen organizado como el terrorismo internacional comparten la persecución de un segundo objetivo más importante. Provocar un larvado estado de guerra, que a la larga provocaría un progresivo deterioro de las instituciones democráticas, incrementando aún más las numerosas contradicciones culturales de las que adolecen las democracias occidentales. En efecto, inicialmente el periodismo económico trató de justificar la inicial declaración de guerra contra el terrorismo internacional (el eje del mal), así como la posterior invasión de Afganistán o el inicio de una guerra preventiva contra Irak, como una de las muchas luchas emprendidas por la democracia contra la tiranía y como un procedimiento para lograr su efectiva expansión a los países islámicos. Sin embargo esto se consiguió a costa de provocar una situación larvada de guerra, que al final habría acabado minando el normal funcionamiento de las instituciones democráticas. A este respecto al periodismo económico, después del 11-S, solo le caben  tres formas posibles de enfrentarse al terrorismo internacional:

a) La “realpolitic” o pragmatismo político que se propone erradicar el terrorismo internacional mediante una guerra preventiva contra el eje del mal basada en el mero recurso a la fuerza militar (Marte), aunque para ello hubiera que manipular si fuera necesario los medios de comunicación., al modo como ya hicieron Nixon, Kissinger o Busch, recurriendo a su vez a Hobbes, Weber o Carl Schmitt;

b) La política ideal o utópica, que se propone erradicar el terrorismo mediante la toma de futuros acuerdos y consensos por parte del poder político teniendo en cuenta la información aportada por todas las partes implicadas, a pesar de la evidente debilidad inicial (Venus) que pudiera provocar esta actitud inicial, al modo como ya antes propusieron Kant, Hanna Arendt o Jürgen Habermas;

c) Una política cosmopolita que reconoce como cualquier intento de erradicación del terrorismo internacional puede generar numerosas contradicciones culturales en la prensa económica o en el propio imaginario colectivo o popular (public realm): o bien se comparte la (falsa) ilusión de los neo-con (neoconservadores) de poder extender la democracia por esta vía a posibles nuevos terceros países, para conseguir así una democracia global; o bien se comparten las denuncias de los utópicos antisistema contra la falsa manipulación del terrorismo internacional por parte del periodismo económico para justificar así la guerra preventiva de Irak.

En cualquier caso Brenkman considera que la prensa económica debe seguir aspirando al logro de una democracia global, donde se logre una progresiva erradicación de estas nuevas formas de terrorismo internacional. En su opinión, la democracia en estado de guerra posterior al 11-S ha tenido la oportunidad de comprobar la aparición de profundas contradicciones culturales que a su vez han incrementado hasta niveles desconocidos las limitaciones habituales de tipo económico e informativo de una democracia en situaciones normales, provocando a su vez una crisis de la república de proporciones desconocidas. Sin embargo opina que una fragilidad y debilidad semejante nunca debe ser una excusa para renunciar a la posibilidad de implantar aquellos ideales, como ya habría ocurrido con la democracia griega o en la propia democracia americana, al menos según Arendt o aún antes Max Weber. En este sentido la prensa económica debería seguir manteniendo este tipo de aspiraciones en el imaginario colectivo (public realm) acerca del poder político, a pesar de las evidentes limitaciones prácticas que siempre tendrán sus realizaciones concretas. Ya entonces se comprobó que la salvación de estas crisis de la república requiere mantener una permanente denuncia de los dos mayores males que a su vez pueden afectar a la opinión pública: el fingimiento y la violencia. Precisamente los dos enemigos utilizados por el terrorismo internacional para acabar produciendo la progresiva paralización y desnaturalización de las instituciones democráticas, como en su opinión habría acabado sucediendo durante los años de mandato de la administración Bush.

Para justificar este actual deterioro de la democracia americana se sigue un hilo argumental muy preciso: a) Se recurre a la ética de la responsabilidad (Max Weber) frecuentemente usada por los políticos “neo-con” (neoconservadores) para justificar la respuesta dada al ataque terrorista del 11-S, o la posibilidad de una guerra preventiva ante un futuro riesgo bélico inminente; b) Se recurre a la teoría del “estado de excepción” de Carl Schmitt y Agambe para justificar la suspensión del ejercicio de determinados derechos civiles, así como para justificar la apertura de las cárceles de Abu Ghraib y Guantámano; c) Se describen algunas respuestas dadas desde la izquierda a la respuesta militarista de la Administración Bush, como sucedió con el absolutismo moral de Chomski o el lirismo profético de Hardt y Negri; d) Se describe la controversia sobre el posible modo de denunciar o justificar la invasión de Irak, ya sea en virtud de un idealismo de los fines (Berman) o de los medios (Habermas); o del recurso que el neoconservador Glennon y del neomarxista Anderson hicieron para justificar el recurso a una misma ley internacional, aunque dándole en cada caso un sentido hobbesiano o kantiano muy distinto; e) Se describe la defensa conservadora de la guerra de Irak como una lucha contra la tiranía, mientras que desde la izquierda Habermas la condenó en nombre de un cosmopolitismo postnacional y de una democracia  global (Kegan). Sin embargo esta misma defensa se podría haber formulado en nombre de un conservantismo aún más global (Mead) o de un Imperio de los derechos, como ahora se defiende; f) Finalmente, se denuncia a la Administración americana por no haber formulado un diagnóstico solvente de lo que la se jugaba en la guerra de Irak, ya se justificara en nombre de la idea de autogobierno de Arend o de la noción de libertad negativa de Berlín.

Para concluir una reflexión crítica que a su vez permitirá prolongar este tipo de análisis. Brenkman no adopta una actitud autocomplaciente ante los posibles peligros y amenazas que se pueden derivar del indudable deterioro que supuso el ataque terrorista del 11-S para las instituciones democráticas en su conjunto. Sin embargo ahora también se muestra confiado en que la acción coordinada de las instituciones del libre mercado y de los medios de comunicación logrará una efectiva entronización del “imperio del derecho”, como ahora se propugna. Sólo así se podrá ejercer un efectivo control sobre las múltiples formas de fingimiento y de violencia de las que se sirve el terrorismo internacional para radicalizar las indudables contradicciones culturales que a su vez se generan en una sociedad democrática. A este respecto ahora se resalta un claro diagnóstico de la situación, aunque casi nunca se propone una posible estrategia desactivadora de este tipo de contradicciones culturales de tipo global. Y a este respecto cabe preguntarse: ¿Podría proponerse el periodismo económico como una estrategia global capaz de desenmascarar el mal uso que los diversos agentes sociales, incluido el terrorismo internacional, pueden hacer de las contradicciones culturales de la sociedad democrática?

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Krueger, A. B.; What Makes a Terrorist. Economics and the Roots of Terrorism, Princeton University, Princeton, 2007, 180 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Alan B. Krueger en 2007, en ¿Qué hace posible a un terrorista?, ha analizado los posibles factores económicos, comunicativos, sociales y políticos que hicieron posible la comisión de los atentados del 11-S de Nueva York, del 11-M de Madrid y del 7-J de Londres. En su opinión, habría que ver detrás de estos atentados las profundas contradicciones culturales que la prepotencia de la sociedad del bienestar genera en el interior y en el exterior de sus fronteras, sin atribuirlos a una mera reacción desproporcionada ante la pobreza y las injusticias existentes en el mundo por parte de los desheredados. A este respecto se recomienda al periodismo económico una estrategia a seguir para desmitificar el fenómeno terrorista, sin atribuirle una áurea justificativa totalmente inmerecida: comprobar como la mayoría de los terroristas suicidas proceden de las clases educadas y acomodadas de los respectivos grupos sociales, sin atribuir su comportamiento a una simple reacción psicológica frente a las injusticias experimentadas. De ahí que ahora se denuncie el parasitismo económico e informativo practicado por el terrorismo internacional, de modo similar al ejercido por delincuencia organizada. De igual modo que para su erradicación se deben usar procedimientos similares a los utilizados en otras formas de delincuencia, sin poderse hacerse ilusiones a este respecto. Se defienden así tres tesis referidas al periodismo económico:

1.- El periodismo económico debería reconstruir el retrato robot de numerosos terroristas suicidas, comprobando que ni proceden de los países verdaderamente más pobres, ni necesariamente de aquellos grupos étnicos que mantienen una lucha por la defensa de sus derechos civiles. En su gran mayoría pertenecen a una clase media acomodada en sus respectivos países de origen, habiendo sido educados en un medio social muy nacionalista, virulento y propenso a incentivar este tipo de acciones.

2.- El periodismo económico debería analizar las naciones de procedencia de los insurgentes capturados durante la guerra de Irak. Se comprobaría así que la insurgencia se movió más por motivaciones de tipo religioso, que por factores estrictamente económicos o políticos, con un doble objetivo: desestabilizar los grupos religiosos de sus respectivos países de procedencia y alcanzar el consiguiente impacto en la opinión pública nacional e internacional.

3.- El periodismo económico debería hacer notar al creciente parasitismo económico e informativo que sistemáticamente practica el terrorismo internacional, al igual que cualquier otra forma de delincuencia organizada. Se describen así las numerosas trampas con las que se puede encontrar la lucha antiterrorista, por no advertir la creciente escalada de violencia de consecuencias económicas, psicológicas y políticas imprevisibles, que deliberadamente se intenta provocar. De ahí que ahora se propongan seguir las mismas estrategias de desactivación a las usadas para erradicar el crimen organizado, especialmente dos: aumentar la implementación de fondos económicos para el respectivo Centro Nacional Contraterrorista y la creación de una gran base de datos trasnacional.

Para concluir una observación crítica, que a su vez permitirá prolongar este tipo de análisis. Ahora se insiste en el carácter específicamente religioso de la insurgencia, pero a su vez se propone desactivarla mediante medidas de tipo policial y contraterrorista, similares a las utilizadas para erradicar otras formas de delincuencia organizada. Y a este respecto cabe cuestionar. ¿La asunción por parte de grupos inicialmente religiosos de un comportamiento similar al de numerosas organizaciones criminales no podría haber venido propiciada por las numerosas contradicciones culturales generadas a su vez por los distintos procesos de globalización económica?

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Schatsschneider, Karl Albrecht; Freiheit, Recht, Staat. Eine aufsatzsammlung zum 65. Geburtstag; Siebold, D. I.; Emmerich-Fritsche, A. (Hrsg.); Duncker & Humblot, Berlin, 2005, 725 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Libertad, Derecho, Estado recoge reúne algunos escritos de Karl Albrecht Schatsschneider entre 1993 y 2005 referidos a los profundos cambios legislativos ocurridos en el ámbito alemán, europeo y mundial respecto a cinco problemas básicos, a saber: la justificación ética de las libertades y de derechos civiles más fundamentales, los fundamentos jurídicos del republicanismo en de una sociedad democrática, las exigencias de la justicia social en el mercado libre del trabajo, la regulación de estos principios en el futuro derecho constitucional europeo y el actual déficit democrático y social de los procesos de globalización económica y política. En todos los casos se abordan estos problemas desde una dogmática jurídica que trata de compatibilizar la ética kantiana de las convicciones republicanas con la ciencia weberiana de la responsabilidades sociales democráticas desde un “irreductible” monismo, que trata de basar la legislación nacional, europea e internacional sobre un mismo tipo de principios republicanos. Este tipo de propuestas se formulan en dialogo con las corrientes filosóficas y jurídicas más diversas, con un ánimo conciliador realmente ejemplar, en un momento histórico decisivo en que el que el proyecto de la futura constitución europea se encuentra en gran parte paralizado después del referéndum francés y holandés al respecto. Y a este respecto cabe preguntarse: ¿Realmente los problemas que actualmente aquejan al constitucionalismo europeo se deben a un exceso de optimismo legislativo por parte de este “irreductible monismo” o simplemente a que se ha puesto a votar una “mala constitución”, si es que realmente merece tal nombre? Probablemente Schatsschneider sería el primer sorprendido en plantear el debate constitucional europeo en términos tan peregrinos, pero sin duda sus propuestas contribuirán a encauzar el debate constitucional europeo con unas mayores dosis de racionalidad.

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Shapiro, Ian ; Containment. Rebuilding a Strategy Against Global Terror, Princeton University, Princeton (NJ), 2007, 192 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Ian Shapiro en 3007, en Contención. Reconstruir una estrategia contra el terror global, ha analizado las graves secuelas provocadas por los ataques terroristas del 11-S en las instituciones democráticas, incluidos los medios de comunicación y la propia economía. En efecto, la declaración de una guerra contra el terrorismo internacional  por parte de la Administración Bush habría traído consigo la posterior intervención militar en Afganistan, la unilateral guerra preventiva en Irak y el consiguiente empantanamiento en una guerra civil con intervención de fuerzas internacionales sin fecha de caducidad. Sin embargo ahora también se comprueba como aquella primera reacción tuvo otras consecuencias indirectas para el normal desenvolvimiento de las instituciones democráticas estadounidenses, a saber: a) una situación de guerra larvada que paralizó virtualmente el control democrático sobre el ejecutivo habitualmente ejercido por la oposición; b) la declaración encubierta de “estado de excepción” respecto a la protección de determinados derechos civiles en casos de terrorismo, como al menos ocurrió en Abu Graib, Guantánamo o la posibilidad de confiscar el contenido de determinados e-mails sin necesidad de mandato judicial;  c) la entrada en una economía de guerra fomentando un recurso desproporcionado al uso de la fuerza militar y a un gasto militar desproporcionado, a costa no atender otras partidas habituales en condiciones de normalidad. La Administración Bush habría hecho oídos sordos a las múltiples señales que le envió la prensa económica, al modo como ya antes también ocurrió en Vietnam.

En una situación tan problemática ahora se recomienda al periodismo económico ejercer una función de prudente contención capaz de llevar a cabo una recuperación económica del Medio Oriente similar a la pilotada por Estados Unidos respecto Europa al final de la segunda guerra mundial, con un triple objetivo, a saber: a) Saneamiento del déficit público y fortalecimiento de las instituciones democráticas en el orden interno, especialmente en el ámbito de aquellos derechos civiles y de libertad de prensa que habrían salido más perjudicados; b) Refundación del orden internacional y sus instituciones sobre unas bases económicas más sólidas, sin necesidad de que Estados Unidos ejerza un papel hegemónico único; c) Plan especial de recuperación económica para Irak y de todo el Oriente Medio, una vez que se hayan logrado terminar con la intervención militar americana y del resto de las potencias extranjeras.

Para justificar estas conclusiones se defienden siete tesis:

Para concluir una reflexión crítica. Ian Shapiro propone un final feliz para el conflicto de Irak mediante el ejercicio de una prudente contención que, como también ocurrió al final de la segunda guerra mundial con Europa, preferentemente ahora se confía a la prensa económica. De todos modos, dada la sensación de impunidad total con que se produjeron los atentados del 11-S, hoy día se ven con escepticismo estas formas de añoranza respecto de un pasado mejor, sino se deja de contestar un problema previo, a saber: ¿De qué modo habría que rediseñar los límites extraterritoriales de tipo económico, informativo y meramente bélico, a fin de que no se vuelvan a repetir aquellos tristemente célebres atentados terroristas?

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Izquierdo, Cesar; Soler, Carlos (eds.); Cristianos y democracia, Eunsa, Pamplona, 2005, 264 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

La aceptación generalizada del sistema democrático como la forma de gobierno más respetuosa con los derechos humanos ha sido un fenómeno relativamente reciente, incluido el caso español, que al Magisterio de la Iglesia le planteó dos retos importantes: el abandono de la tesis de la confesionalidad del Estado, como ya fue reconocido por el Concilio Vaticano II; y, por otro lado, la aceptación de la democracia como la mejor forma posible de combatir la experiencia trágica de los totalitarismos, en el caso del magisterio de Juan Pablo II (Carlos Soler). Evidentemente ha habido acontecimientos históricos muy recientes que han hecho posible este reconocimiento: la experiencia trágica de los diferentes totalitarismos, tanto marxistas como fascistas, respecto al modo colectivista de entender las relaciones entre los principios éticos y la legitima autonomía de lo temporal (Jorge Miras); o la defectuosa solución de la cuestión religiosa en los sistemas de gobierno tradicionales o autoritarios (Fernando de Meer). Sin embargo la aceptación de los distintos procedimientos de decisión democráticos también ha exigido cambios profundos en el modo de abordar determinados retos por parte de la actuación pública de los cristianos: por ejemplo, la aparición de un relativismo multiculturalista aún más generalizado (Andrés Ollero) ha invertido los criterios con que tradicionalmente se juzgaba la tolerancia y la intolerancia (Cruz Prados); de igual modo que la formulación de un principio de libertad religiosa modificó el modo de entender las relaciones Iglesia y Estado (Navarro-Valls); especialmente, cuando se reivindica un principio de presencia pública en la vida civil, en un caso, y en el otro de laicidad o neutralidad religiosa (de la Hera); las relaciones de la Jerarquía eclesiástica con la sociedad en su conjunto tuvieron que recurrir a nuevos cauces de comunicación institucional, ya sea a través de los medios (Contreras), o del sistema educativo (Jiménez Abad); o exigieron una intervención muy puntual en temas ya más concretos: la educación religiosa en la escuela pública (Jorge Otaduy), el derecho a la vida (Terrasa), los modelos alternativos de familia (Elósegui), el matrimonio (Bañares), los movimientos migratorios (Pérez-Madrid). Para concluir Monseñor Fernando Sebastián dedica su intervención a Iglesia en democracia.

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Cué, Carlos E.; ¡Pásalo! Los cuatro día de marzo que cambiaron un país, Península, Barcelona, 2006, 143 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Carlos E. Cué en 2004, en ¡Pásalo! Los cuatro días de marzo que cambiaron el país, ha analizado el singular movimiento de masas generado por el móvil e Internet a propósito de la información dada por el gobierno y la televisión oficial del PP sobre los atentados del 11-M, con el consiguiente  impacto en el vuelco electoral del 14-M. Se trataría de la primera vez en que las nuevas tecnologías de la información habrían tomado la delantera a los otros medios de comunicación en la creación de un determinado estado de opinión, demostrando su efectiva capacidad de generar un movimiento de masas, como se materializaría a corto plazo en los resultados del proceso electoral en marcha. A este respecto se intenta reconstruir el proceso microsocial de creación de un estado de opinión compartida desde la primera persona que envió el primer mensaje con la consigna, ¡pásalo!, hasta el posterior proceso de adhesiones a diversas manifestaciones que generó espontáneamente. Se recurre así al método microfísica de la teoría social para justificar el efecto mimético de contagio producido por la transmisión espontánea de un determinado mensaje por parte de una red ‘mosquito’ que generaría una interacción de efectos múltiples, después amplificada mediante el concurso de los medios de comunicación tradicionales. Se justifica así la singular capacidad del móvil y a Internet de expresar determinados estados de opinión, en este caso el rechazo de las mentiras y manipulaciones del gobierno del PP, con una inmediatez y capacidad de persuasión mucho mayor que el resto de los medios y con una capacidad inesperada de conformar decisiones colectivas, cuando confluyen una serie de circunstancias tan singulares como las de entonces. Evidentemente el fenómeno de la influencia de los medios sobre el electorado es conocida desde los tiempos de Goebels, y todos los protagonistas de los acontecimientos eran muy concientes de ellos, ya quisieran reconducir el proceso en un sentido u otro. Sin embargo hasta el 11-M no se habría tenido conciencia clara de que los mensajes a través de Internet también podían producir un efecto de naturaleza similar.

Para alcanzar estas conclusiones la obra se divide en seis capítulos: 1) El primer mensaje reconstruye el mecanismo mimético, la microfísica social y los profundos cambios comportamentales, que a su vez generó la transmisión del ¡pásalo!; 2) Dos años en la calle analiza los movimientos de protesta previos, desde las manifestaciones contra la guerra de Irak o con el vertido de petróleo del Prestige, que alimentaron un creciente sentimiento de impunidad contrario a las mentiras pre-fabricadas de los medios de comunicación oficialistas; 3) El día del horror analiza la singularidad de este atentado terrorista, la confusa atribución inicial de su autoría, la lentitud de reflejos de determinados responsables políticos y mediáticos, así como la respuesta espontánea popular ante las manifiestas mentiras oficiales; 4) ¿Quién ha sido?, analiza el complejo cambio de atribución del atentado, desde asignárselo a ETA hasta el reconocimiento de la participación de Al Qaeda u otro movimiento terrorista islamista, con el singular protagonismo desempeñado por los mensajes de Internet, como punta de lanza proseguido después por otros medios, coincidiendo con una masiva manifestación unitaria de rechazo del atentado, que tuvo un efecto decisivo en el cambio de estado de opinión; 5) ‘Queremos la verdad, antes de votar’, analiza los mensajes de Internet vía móvil realizados durante la jornada de reflexión el 13-M, utilizando la red mosquito que anteriormente ya había sido usada con motivo de las manifestaciones contra la guerra de Irak o contra el Prestige, teniendo un efecto inmediato en el crecimiento de la participación electoral, elemento clave del resultado electoral; 6) No nos falles, quiere reflejar las paradójicas motivaciones que provocaron los resultados electorales del 14-M, con la lentitud de reflejos del gobierno saliente a la hora de asimilar la derrota, y la agridulce sensación de victoria por parte de una oposición en unas circunstancias totalmente anormales.

Para concluir una reflexión crítica: Sin duda la interpretación de Carlos E. Cué sobre el proceso electoral del 14-M es muy discutible desde el punto de vista político, aunque en mi opinión hay un aspecto indudable. Pone en evidencia la eficación de la transmisión de un simple mensaje de Internet, ¡pásalo!, para producir un vuelco electoral que sorprendió hasta a sus propios protagonistas. Pero es precisamente aquí donde surge la cuestión: ¿Hasta que punto el 14-M demostró que las nuevas tecnologías son una tecnología limpia imposible de manipular desde instancias externas, o más bien puso de manifiesto la ilimitada capacidad de la cultura postmoderna de incrementar su poder de dominación sobre este tipo de tecnologías, que hasta ahora parecían totalmente alejadas de una manipulación de este tipo? ¿Hasta que punto la red de móviles de Internet se puede librar de los efectos secundarios cuya presencia ya se habían demostrado sobradamente en otros medios de tipo más tradicional? Son preguntas que han dado lugar a un inacabable debate político en el que no vamos a abundar. Pero en cualquier caso el 11-M visualizó una capacidad por parte de Internet de catalizar estados ideológicos o culturales de opinión, que después se vería todavía más confirmada por otro tipo de situaciones similares, como ocurriría en los atentados del metro de Londres del 7-J, aunque su desenlace final tuviera un sentido muy distinto.

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